En el programa Otro día perdido, Mario Pergolini confesó que durante la final del Mundial evitó el ambiente colectivo y buscó un cine que finalmente estaba cerrado. En lugar de sumarse a la euforia, realizó tareas preparatorias para la emisión del día siguiente mientras el partido avanzaba en el segundo tiempo. Esta actitud contrasta con el fervor general y revela una estrategia profesional orientada a mantener la distancia emocional necesaria para el trabajo periodístico.

La producción optó por prescindir de invitados porque desconocía el desenlace del partido y sus consecuencias en la agenda mediática. Pergolini explicó que un posible triunfo habría alterado por completo la dinámica de la ciudad, volviendo irrelevante cualquier conversación sobre temas personales. La elección de un formato flexible permitió priorizar el análisis deportivo con columnistas como Pache y Plumis, demostrando capacidad de adaptación ante eventos de alto impacto.
Este enfoque pone en evidencia cómo los medios deben equilibrar la cobertura de momentos históricos con la preparación de contenidos que trasciendan la inmediatez emocional. Al rechazar el efecto depresivo que genera la interrupción de rutinas cotidianas, Pergolini subrayó la necesidad de mantener la objetividad incluso cuando el país entero se detiene.
