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Picassent apuesta por una nueva generación deportiva

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Picassent ha puesto en marcha una actuación que, sobre el papel, parece centrada en una necesidad muy concreta: construir una pista cubierta para aliviar la presión sobre las instalaciones deportivas municipales. Sin embargo, el proyecto trasciende la creación de un nuevo espacio para entrenar. Con una inversión superior a 1,2 millones de euros, un plazo previsto de diez meses y una superficie de 1.500 metros cuadrados, la localidad valenciana está utilizando una infraestructura deportiva como pieza de una estrategia más amplia de modernización urbana, apoyo al deporte base y mejora de la eficiencia energética.

La nueva instalación se levantará junto al pabellón municipal, en una zona actualmente sin uso, y estará preparada para albergar tres pistas de baloncesto o una de balonmano y fútbol sala, según la configuración de la actividad. El recinto tendrá los laterales abiertos, incorporará iluminación moderna y contará con placas fotovoltaicas en la cubierta. La financiación procede de la Diputación de Valencia, a través del Pla Obert d’Inversions 2024-2027, el principal programa inversor de la institución provincial para municipios valencianos.

Una obra pequeña en escala, pero estratégica

El dato más visible es el presupuesto. Si se divide la inversión anunciada entre los 1.500 metros cuadrados previstos, el coste equivale a algo más de 800 euros por metro cuadrado. Esa cifra no permite evaluar por sí sola si la obra es cara o barata: no se conocen todavía el desglose del proyecto, las condiciones del terreno, los honorarios técnicos, las instalaciones auxiliares ni el coste específico de la estructura, la cubierta y el sistema fotovoltaico. Pero sí ofrece una referencia para entender que no se trata simplemente de pintar líneas sobre una explanada. La actuación implica cimentación, iluminación, drenaje, seguridad, accesibilidad y conexión funcional con un complejo ya existente.

El emplazamiento en una parcela del polideportivo que no estaba en uso aporta una ventaja relevante. La administración evita, al menos inicialmente, consumir nuevo suelo urbano o abrir un proceso de adquisición de terrenos. También puede aprovechar redes, accesos y servicios ya vinculados al recinto municipal. Esa decisión reduce parte de la complejidad económica y territorial del proyecto, aunque plantea otra exigencia: las obras deben integrarse sin bloquear durante meses la actividad del pabellón colindante ni deteriorar la circulación de usuarios, escolares y clubes.

La alcaldesa, Conxa García, ha presentado la pista como respuesta a una demanda de los clubes locales de balonmano, fútbol sala y baloncesto. La justificación es coherente con la lógica de estas disciplinas: necesitan superficies reglamentarias, horarios estables y protección frente a la lluvia, el viento o las temperaturas elevadas. En instalaciones con alta ocupación, una cancelación por causas meteorológicas no solo afecta a un entrenamiento. Puede alterar calendarios de competición, desplazar partidos, aumentar los tiempos de viaje de los equipos y obligar a concentrar sesiones en franjas poco adecuadas.

El cuello de botella está en las horas disponibles

La cuestión decisiva no es únicamente cuántos metros cuadrados se construyen, sino cuántas horas útiles generará la nueva pista y cómo se repartirán. Una instalación de 1.500 metros cuadrados puede aumentar de forma notable la capacidad del municipio, pero su impacto dependerá del sistema de reservas, de la iluminación nocturna, del personal disponible y de la prioridad que se otorgue a clubes federados, deporte escolar, usuarios ocasionales y actividades sociales.

En términos de gestión, el proyecto puede resolver tres problemas simultáneos. Primero, libera horas del pabellón municipal para grupos que ahora compiten por los mismos turnos. Segundo, permite que los equipos mantengan sus entrenamientos cuando las instalaciones existentes están completas. Tercero, ofrece una superficie flexible para concentraciones, torneos y actividades de centros educativos. La ganancia, por tanto, no se limita a la pista nueva: puede producir un efecto multiplicador sobre todo el complejo si la programación se diseña de manera coordinada.

Pero esa capacidad adicional también puede generar expectativas difíciles de satisfacer. Los clubes que han reclamado el espacio probablemente esperarán un acceso regular en las franjas de mayor demanda, precisamente las tardes y los fines de semana. Si la pista se destina en exceso a competiciones, quedará menos disponible para el entrenamiento cotidiano. Si se reserva mayoritariamente para actividades municipales o escolares, los clubes podrían considerar que la inversión no ha resuelto su problema original. La transparencia en los criterios de uso será tan importante como la inauguración de la obra.

Una política razonable debería publicar una programación anual, establecer porcentajes mínimos para deporte base y garantizar mecanismos de revisión. También sería útil medir indicadores sencillos: horas ocupadas, número de equipos beneficiados, actividades suspendidas por falta de espacio, costes energéticos y porcentaje de uso fuera de las franjas de máxima demanda. Sin esa evaluación, el éxito del proyecto se medirá únicamente por la imagen de la nueva estructura, no por su rendimiento social.

La cubierta fotovoltaica no garantiza por sí sola el ahorro

La incorporación de placas solares constituye uno de los elementos más interesantes del proyecto, pero también uno de los que exige mayor precisión. La noticia no detalla la potencia instalada, la superficie efectiva de paneles, el sistema de almacenamiento ni el destino de la electricidad generada. Sin esos datos, no es posible calcular la reducción de emisiones o el plazo de amortización. La presencia de fotovoltaica mejora el potencial ambiental del edificio, pero no equivale automáticamente a una instalación energéticamente autosuficiente.

El diseño abierto por los laterales puede reducir la necesidad de climatización y favorecer una ventilación natural, algo especialmente útil en un clima con episodios de calor. A cambio, plantea retos de confort, ruido y mantenimiento. El viento puede afectar a la sensación térmica y a la calidad de la práctica deportiva; la lluvia lateral puede limitar el uso de la pista en determinados episodios; y la iluminación deberá evitar deslumbramientos o zonas de sombra que perjudiquen a jugadores y espectadores.

La eficiencia energética debe evaluarse durante toda la vida útil, no solo durante la construcción. Un sistema de iluminación de bajo consumo perderá parte de su ventaja si permanece encendido durante periodos sin actividad. Del mismo modo, los paneles requerirán limpieza, inspecciones y eventual sustitución de componentes. La administración local tendrá que presupuestar esos gastos recurrentes. El coste de operación suele recibir menos atención política que la inversión inicial, aunque es el que determina si una infraestructura se mantiene en buenas condiciones diez o veinte años después.

La Diputación de Valencia ha defendido que el Pla Obert proporciona recursos económicos y técnicos para que los ayuntamientos ejecuten sus proyectos. Esa fórmula resulta especialmente importante para municipios que pueden identificar necesidades, pero carecen de equipos especializados para preparar licitaciones, supervisar obras complejas o diseñar soluciones energéticas. La financiación provincial permite repartir el esfuerzo inversor, aunque también introduce una dependencia de los calendarios administrativos y de las prioridades de cada convocatoria.

Clubes, familias y centros escolares: beneficios diferentes

Para los clubes, la nueva pista significa previsibilidad. El baloncesto, el balonmano y el fútbol sala dependen de una superficie con dimensiones y condiciones relativamente estables. La disponibilidad de un espacio cubierto puede facilitar la captación de menores, evitar que los equipos entrenen fuera del municipio y mejorar la continuidad de las categorías inferiores. En disciplinas con calendarios federativos, disponer de una sede adicional puede reducir la necesidad de negociar cada jornada con otros recintos.

Las familias también pueden beneficiarse, aunque de forma menos inmediata. Más horas de actividad en el municipio significan menos desplazamientos y una mayor posibilidad de conciliar horarios. La oferta deportiva puede convertirse en un factor de integración para niños y adolescentes, especialmente si las tarifas, el transporte y los criterios de inscripción no excluyen a hogares con menor capacidad económica. La obra física crea oportunidades, pero no garantiza por sí sola igualdad de acceso.

Para los centros escolares, la pista puede ampliar las opciones de educación física y facilitar encuentros intercolegiales. La referencia de la alcaldesa a su utilización por colegios apunta a una posible apertura del complejo más allá del deporte federado. Esa perspectiva es relevante porque evita que el equipamiento quede capturado por un grupo reducido de usuarios. Sin embargo, exige acuerdos de horarios, protocolos de seguridad y coordinación con los calendarios lectivos, además de resolver la responsabilidad sobre el mantenimiento cuando el recinto se usa fuera del horario municipal.

Los vecinos que no practican estos deportes también tienen intereses legítimos. La obra puede dinamizar la vida comunitaria y albergar actividades sociales, pero puede aumentar el tráfico, el ruido nocturno y la presión sobre el aparcamiento en días de competición. El hecho de que los laterales estén abiertos puede intensificar la propagación sonora. La planificación de accesos, los horarios de eventos y las medidas de convivencia deberían formar parte de la gestión desde el primer día, no aparecer únicamente cuando surjan reclamaciones.

La segunda fase será más exigente que la primera

El Ayuntamiento vincula esta actuación a la futura reforma integral del edificio principal del polideportivo, con una inversión cercana a los 4 millones de euros. La pista cubierta puede entenderse así como una primera pieza de una transformación mucho más ambiciosa. Si ambos proyectos se coordinan, Picassent podría disponer de un complejo con mayor capacidad, mejores servicios y una imagen más competitiva para atraer actividades deportivas.

La conexión entre las dos inversiones, no obstante, obliga a cuidar la secuencia de las obras. Una reforma integral posterior puede afectar a accesos, vestuarios, almacenes, instalaciones eléctricas y circuitos de evacuación que la nueva pista necesite utilizar. Si no se definen desde ahora las interfaces técnicas, existe el riesgo de duplicar trabajos o de tener que modificar elementos recién construidos. La coordinación entre proyectos debe incluir planos de servicios, previsiones de consumo y un calendario que minimice el cierre parcial del polideportivo.

También hay una cuestión financiera. La Diputación asume la financiación anunciada para la pista mediante el Pla Obert, pero la información disponible no precisa qué parte de los costes de explotación recaerá en el Ayuntamiento ni cómo se financiará la reforma de casi 4 millones. En un contexto de presupuestos municipales sometidos a presión por servicios sociales, limpieza, movilidad y mantenimiento urbano, cada nueva instalación genera compromisos futuros. La decisión puede ser acertada, pero requiere una previsión plurianual realista y no solo la cobertura de la obra inicial.

Diez meses serán la primera prueba de gestión

El plazo de ejecución de diez meses es compatible con una obra de esta escala, aunque su cumplimiento dependerá de la tramitación, el suministro de materiales, las condiciones del terreno y la coordinación con el funcionamiento del pabellón municipal. Los retrasos en estructuras metálicas, equipamientos eléctricos o placas fotovoltaicas pueden trasladarse rápidamente al calendario final. La experiencia reciente de muchas obras públicas muestra que el anuncio de una fecha de finalización suele ser más frágil que el presupuesto inicial, especialmente cuando aparecen modificaciones.

El Ayuntamiento debería informar periódicamente sobre el avance físico y económico, las certificaciones de obra y cualquier cambio contractual. Esa rendición de cuentas no es un trámite menor: permite detectar desviaciones antes de que se conviertan en sobrecostes y ofrece a clubes y familias una referencia para organizar la próxima temporada. La presión por inaugurar en una fecha política o deportiva concreta puede incentivar decisiones apresuradas, mientras que una recepción técnica deficiente puede dejar problemas de pavimento, filtraciones o iluminación que después resulten más caros de corregir.

La seguridad merece una atención específica. Una pista abierta en los laterales debe cumplir las condiciones reglamentarias de evacuación, protección frente a impactos, accesibilidad y separación entre zonas de juego y circulación. La flexibilidad para combinar tres canchas de baloncesto con una de balonmano o fútbol sala no puede lograrse a costa de señalizaciones confusas o equipamiento móvil mal almacenado. La calidad del pavimento, la visibilidad de las líneas y la protección de porterías y canastas serán determinantes para reducir lesiones y garantizar la homologación de competiciones.

El modelo apunta a instalaciones más flexibles y sostenibles

La iniciativa de Picassent refleja una tendencia que previsiblemente ganará peso en los municipios: sustituir la idea de un único pabellón cerrado y especializado por complejos capaces de combinar usos, aprovechar espacios infrautilizados y producir parte de su energía. Las pistas cubiertas abiertas lateralmente pueden ser una respuesta intermedia entre un recinto completamente climatizado y una instalación exterior expuesta al tiempo. Su atractivo reside en ofrecer más disponibilidad con una inversión potencialmente menor que la de un pabellón convencional.

Ese modelo tendrá que adaptarse a episodios meteorológicos más extremos. Las olas de calor pueden hacer insuficiente una cubierta sin sistemas complementarios de ventilación o sombra, mientras que lluvias intensas y vientos fuertes pueden obligar a suspender actividades en una pista abierta. El diseño debe incorporar criterios de resiliencia: drenaje sobredimensionado, materiales resistentes, mantenimiento preventivo de la cubierta y protocolos claros para cerrar el recinto cuando las condiciones sean inseguras.

El futuro rendimiento de la obra se medirá, en última instancia, por su capacidad para transformar una demanda dispersa en un servicio estable. Si se garantiza un acceso equilibrado, se controla el coste energético, se mantiene la instalación y se coordina con la reforma del edificio principal, los 1,2 millones de euros pueden generar un retorno social considerable durante décadas. Si la planificación se limita a construir metros cuadrados sin un modelo de gestión, el municipio tendrá una estructura nueva, pero no necesariamente una solución duradera para la falta de horas deportivas.

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