Andrea Pirlo ha quedado fuera de la carrera por el puesto de seleccionador de Italia debido a su contrato como embajador de la casa de apuestas rusa Fonbet. La polémica surgió por el posible conflicto con la postura italiana de apoyo a Ucrania, lo que obligó a la federación a descartarlo apenas días después de que Paolo Maldini lo considerara su candidato preferido.

El episodio revela la fragilidad institucional de la Azzurra tras tres fracasos consecutivos en clasificatorios mundialistas. La renuncia de Pep Guardiola y Carlo Ancelotti ya había dejado en evidencia la dificultad para atraer perfiles de élite; ahora la salida de Pirlo añade presión sobre Maldini, quien asumió hace apenas dos semanas como director deportivo.
Crisis estructural
La decisión final corresponde al presidente Giovanni Malagò, pero el daño ya está hecho. Italia necesita un entrenador capaz de renovar el plantel sin resistencias internas, y las opciones restantes —Roberto Mancini, Antonio Conte o Simone Inzaghi— enfrentan el mismo dilema: aceptar un cargo en un entorno político volátil y con escaso margen de error antes de la Liga de Naciones de septiembre.
