Pogacar cruzó la meta de París para levantar su quinta corona en el Tour de Francia. Con esta victoria consecutiva se une al reducido grupo formado por Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain. A los 27 años, el esloveno alcanza la marca antes que cualquiera de sus predecesores y consolida una superioridad que ya parece estructural.
La última etapa, reducida a 88,7 kilómetros por los incendios, sirvió de escenario para un gesto que define su momento actual. En lugar de buscar otra victoria parcial, Pogacar protegió el podio de su compañero Del Toro frente a Seixas. El mexicano terminó tercero y compartió el cajón con Evenepoel. Esa decisión, lejos de restar, refuerza la imagen de un corredor que ya controla el relato de su propia carrera.

El equipo UAE terminó con dos corredores entre los tres primeros, un resultado que Pogacar calificó como inimaginable al inicio de la carrera. Durante tres semanas combinó dominio en montaña y contrarreloj con una gestión táctica que incluyó renunciar a victorias propias para asegurar el resultado colectivo. Esa madurez táctica explica por qué su margen de ventaja se mantuvo estable desde la sexta etapa.
Al término de la prueba, Pogacar reiteró que no pretende alargar indefinidamente su carrera. La declaración añade peso a su precocidad: ya posee cinco Tours cuando Indurain ganó el primero. Quedan en su horizonte la Vuelta, Roubaix y los Juegos Olímpicos, pero el corredor que domina el presente ya empieza a gestionar la transición hacia el futuro.
