Tadej Pogacar ha alcanzado 62 días vestido de amarillo en el Tour de Francia, superando los 60 de Miguel Indurain y situándose tercero en la clasificación histórica, solo por detrás de Bernard Hinault y Eddy Merckx. Con 27 años, el esloveno mantiene el liderato y, si lo conserva hasta París, cerrará la edición con 71 jornadas en amarillo.

En Le Lioran, durante la etapa del 14 de julio, Pogacar atacó, ganó y amplió su ventaja, pero entre los aplausos surgieron abucheos. El corredor reconoció que no le resultaron agradables y estableció un paralelismo con Novak Djokovic: ambos campeones han debido competir no solo contra rivales deportivos, sino también contra el rechazo de parte del público.
Jonas Vingegaard, segundo en la general a 3:36, condenó los silbidos antes de la undécima etapa: “Escuché los abucheos. Creo que eso no debería ser aceptable en el deporte”. El danés defendió que la rivalidad debe resolverse sobre la bicicleta y no desde la cuneta. La posición de Vingegaard refuerza la frontera entre competencia legítima y hostilidad gratuita.
El dominio de Pogacar ha erosionado el suspense del Tour y ha provocado que la admiración conviva con el cansancio en sectores del público. Sin embargo, el corredor ha convertido esa presión en estímulo adicional para atacar. Su objetivo inmediato sigue siendo el quinto Tour y la aproximación progresiva a los registros de Merckx, mientras los verdaderos rivales comienzan a situarse en las fotografías históricas en blanco y negro.
