Durante el Tour, Tadej Pogacar ha encadenado ascensiones que han llevado a investigadores a calcular su consumo máximo de oxígeno. Un estudio publicado en el International Journal of Sports Physiology and Performance estima un VO2max medio de 96 ml/kg/min a partir de esfuerzos como Plateau de Beille, Isola 2000, Peyragudes y el Ganda del Giro de Lombardía. Las cifras oscilan entre 94 y 98 ml/kg/min y se consideran conservadoras porque parten de una eficiencia de oxígeno inferior al 23 %.

El entrenador Javier Sola rechaza los números más altos y recuerda que las fórmulas de potencia sobreestiman el gasto real en pendientes del 6-8 % gracias a mejoras aerodinámicas. Sin pruebas de esfuerzo directas, Sola prefiere describir al esloveno como “tocado por una varita mágica” sin ofrecer datos concretos. Pogacar, por su parte, atribuye su rendimiento a la crianza, al entorno del equipo de Liubliana y a una mentalidad forjada desde joven, evitando valorar cualquier récord fisiológico.
Estas estimaciones sitúan al ciclista por encima de referencias como Kilian Jornet (92) o Miguel Induráin (88), aunque el propio Froome señala que un motor semejante sería una “bendición de la naturaleza” sin garantizar resultados si no se acompaña de inteligencia táctica y consistencia. El debate actual se centra, por tanto, en separar la capacidad bruta de los factores que realmente explican la hegemonía de Pogacar.
