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Pubill y Grimaldo adelantan su regreso al Atlético

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Marc Pubill y Alejandro Grimaldo han decidido acortar sus vacaciones para reincorporarse antes de tiempo a la dinámica del Atlético de Madrid. La decisión se produce después de que ambos participaran en la conquista del Mundial por parte de España, lograda el pasado 19 de julio con una victoria por 1-0 ante Argentina. El calendario fijaba para los internacionales un periodo aproximado de tres semanas de descanso, pero los dos futbolistas han optado por regresar al trabajo individual en el Cerro del Espino, en Majadahonda, mientras buena parte de sus compañeros todavía disfruta de sus días libres.

El movimiento no es meramente simbólico. En una pretemporada marcada por los compromisos internacionales, cada sesión adicional puede influir en la recuperación física, la adaptación táctica y la competencia por un puesto en el once. Pubill y Grimaldo no viajaron con el equipo a Corea del Sur y han elegido permanecer en Madrid para ponerse a punto bajo la supervisión de los servicios del club. Su objetivo inmediato es llegar en mejores condiciones al tramo decisivo de la preparación, cuando el grupo vuelva a estar completo y el entrenador empiece a definir jerarquías.

El Mundial altera el calendario habitual

La situación de los dos jugadores debe entenderse dentro de una dificultad cada vez más frecuente en el fútbol de élite: los grandes torneos de selecciones prolongan la temporada de algunos futbolistas hasta fechas muy posteriores a las del resto de la plantilla. Mientras los jugadores que no tienen compromisos internacionales pueden iniciar la pretemporada con normalidad, los campeones del mundo terminan compitiendo cuando sus compañeros ya han comenzado a preparar el siguiente curso.

Ese desfase crea una tensión difícil de resolver. El descanso es indispensable para reducir el riesgo de lesiones y permitir la recuperación mental después de una campaña extensa, pero una ausencia prolongada también puede afectar la preparación colectiva. El Atlético ha optado, en este caso, por una solución intermedia: no desplazar a Pubill y Grimaldo a la gira asiática, pero facilitarles trabajo específico en Madrid. La medida permite respetar parte de su recuperación y, al mismo tiempo, evitar que regresen completamente desconectados del ritmo profesional.

La clave estará en que el adelanto de las vacaciones no se convierta en una exigencia excesiva. Volver antes no equivale necesariamente a entrenar con mayor carga. En futbolistas que acaban de disputar un torneo internacional, el trabajo inicial debe centrarse en la movilidad, la resistencia progresiva, la prevención y la recuperación. Una aceleración mal gestionada podría producir el efecto contrario al buscado: una sobrecarga muscular en agosto que condicione los primeros meses de competición.

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Una plantilla que se reincorpora por etapas

El caso de Pubill y Grimaldo no es aislado. Giuliano también acortó sus vacaciones y ya ha trabajado con el grupo, mientras que Alexander Sorloth se incorporó el domingo después de completar su periodo de descanso. El regreso escalonado refleja una pretemporada fragmentada, en la que el cuerpo técnico debe preparar distintos planes físicos para jugadores que llegan en momentos diferentes y con cargas competitivas desiguales.

El próximo 10 de agosto está previsto que regresen otros futbolistas que permanecen de vacaciones, entre ellos Baena, Llorente y Musso. El Atlético espera asimismo contar ese día con Julián Álvarez. La fecha puede convertirse en un punto de inflexión, porque permitirá acercarse a una imagen más real de la plantilla disponible. Hasta entonces, cualquier evaluación deportiva estará condicionada por las ausencias, las pruebas físicas y la necesidad de no extraer conclusiones definitivas de los primeros amistosos.

Las pretemporadas suelen utilizarse para ensayar sistemas, pero también para medir la capacidad de adaptación de los jugadores. Cuando el grupo se incorpora de forma escalonada, los automatismos tardan más en consolidarse. Un lateral puede trabajar durante semanas con un extremo provisional; un centrocampista puede asumir funciones que cambiarán cuando regresen los internacionales; y un delantero puede disputar minutos en una estructura que no será la definitiva. La consecuencia es que el rendimiento de julio o principios de agosto no siempre anticipa el funcionamiento del equipo en competición oficial.

Pubill y Grimaldo, dos perfiles con valor estratégico

El regreso temprano de ambos tiene además una lectura deportiva específica. Pubill y Grimaldo representan perfiles distintos, pero complementarios dentro de una plantilla que necesita profundidad en las bandas y capacidad para modificar la salida de balón. El trabajo en Majadahonda puede servir para que ambos recuperen sensaciones técnicas sin quedar sometidos de inmediato a la intensidad de una gira, los desplazamientos y los cambios horarios que implica viajar a Corea del Sur.

Para un futbolista como Grimaldo, cuya influencia depende en buena medida de la precisión en los centros, la asociación con los interiores y la llegada desde posiciones retrasadas, recuperar la coordinación con sus compañeros resulta tan importante como alcanzar una determinada marca física. En el caso de Pubill, la adaptación a los mecanismos defensivos, las coberturas y la salida bajo presión exige sesiones colectivas. Por eso, su trabajo individual puede ser útil como fase de transición, pero no sustituye la integración posterior con el bloque.

La decisión también transmite una señal interna. Acortar las vacaciones puede interpretarse como una muestra de compromiso y ambición competitiva, especialmente después de conquistar un título mundial. Sin embargo, el club deberá evitar que esa actitud genere una cultura en la que el sacrificio individual se mida por la renuncia al descanso. En el fútbol actual, la profesionalidad no consiste únicamente en entrenar más, sino en seguir el plan adecuado para sostener el rendimiento durante una temporada que puede superar ampliamente los cincuenta partidos.

La incertidumbre del mercado condiciona el trabajo

El calendario deportivo convive con un mercado de fichajes todavía abierto. El futuro de Thiago Almada no está despejado: el futbolista podría marcharse a River Plate o Flamengo. Su eventual salida afectaría la planificación del centro del campo y obligaría al cuerpo técnico a reorganizar funciones, especialmente si la decisión llega cuando el resto de la plantilla ya ha comenzado a asumir determinados roles.

En sentido contrario, la ausencia segura de Nahuel Molina, que se incorporará a la “b”, añade otra variable a la preparación. La falta de una pieza habitual en la estructura defensiva puede abrir espacio para que otros jugadores acumulen minutos, pero también reduce la estabilidad de las pruebas tácticas. Cuando una plantilla se encuentra entre la competición internacional y el mercado, las sesiones de pretemporada cumplen una doble función: preparan al equipo y ayudan a identificar qué posiciones necesitan refuerzos o alternativas.

La situación de Almada ilustra un problema habitual en los clubes de primer nivel. La planificación no depende exclusivamente de las decisiones del entrenador; también está condicionada por ofertas, contratos, necesidades financieras y oportunidades de mercado. Una operación de salida puede liberar espacio salarial o permitir una incorporación, pero también rompe equilibrios construidos durante semanas. De ahí que el regreso gradual de los internacionales tenga valor: ofrece al Atlético más información antes de tomar decisiones definitivas sobre la composición del plantel.

El impacto sobre la gestión de la salud

El caso vuelve a poner en primer plano la gestión de la carga física en el fútbol profesional. Los jugadores que participan en un Mundial no solo acumulan minutos: afrontan viajes, concentraciones, presión competitiva y una alteración completa de sus rutinas. Si regresan demasiado tarde, pierden parte de la preparación; si vuelven demasiado pronto, pueden pagar el esfuerzo con lesiones o fatiga crónica. La solución requiere datos individualizados, no reglas idénticas para todos.

Dos futbolistas que disputan el mismo torneo pueden tener necesidades muy distintas según sus minutos, su posición, su historial médico y la intensidad de sus partidos. Un defensa que juega todos los encuentros no afronta la recuperación igual que un suplente con participación limitada. El Atlético tendrá que combinar las mediciones de rendimiento con la percepción de los propios jugadores, porque el cansancio neuromuscular y la saturación mental no siempre aparecen de inmediato en una prueba convencional.

Este enfoque puede influir a largo plazo en la organización de las temporadas. La acumulación de competiciones internacionales, torneos ampliados y calendarios nacionales reduce los periodos de descanso real. Los clubes que logren coordinar mejor las vacaciones, la preparación y la rotación tendrán una ventaja que no se limitará a agosto. Prevenir una lesión en la pretemporada puede significar conservar durante meses a un titular, evitar una baja en una fase decisiva y reducir la necesidad de modificar continuamente el sistema.

Una señal de ambición, no una garantía deportiva

El regreso anticipado de Pubill y Grimaldo mejora las condiciones de trabajo del Atlético, pero no garantiza por sí solo un mejor inicio de campaña. La ventaja solo será efectiva si el club transforma esas sesiones en una incorporación progresiva y si el cuerpo técnico consigue conectar su preparación individual con el trabajo del grupo. El rendimiento dependerá también de cómo regresen los demás internacionales, de la resolución del futuro de Almada y de la adaptación de quienes ocupen los puestos que queden vacantes.

La imagen de dos campeones del mundo trabajando antes de la fecha prevista puede tener un impacto positivo en el vestuario y entre la afición. Aun así, el verdadero indicador no será la fecha de su regreso, sino su disponibilidad cuando lleguen los partidos oficiales. En una temporada larga, la ambición inicial debe estar acompañada por prudencia, planificación y capacidad de rotación. El Atlético ha ganado tiempo con la decisión de ambos, pero ahora deberá administrarlo sin convertir ese gesto de compromiso en una fuente adicional de riesgo.

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