Las pulgas de perros y gatos saltan activamente hacia las personas cuando la población de parásitos crece en el pelaje del animal. El CDC confirma que estos insectos se alimentan de sangre humana en contacto cercano, atraídos por el calor corporal y el dióxido de carbono que emitimos. Prefieren hospedadores con pelaje denso, pero la falta de espacio en el animal los obliga a buscar alternativas en sillones, alfombras y camas.

Las picaduras se presentan como pequeños bultos rojos agrupados en hileras de tres o cuatro, principalmente en tobillos, pies y pantorrillas. Aunque causan picazón intensa, las pulgas no pueden reproducirse ni colonizar la piel humana por la ausencia de pelo espeso que necesitan para proteger huevos y mantener temperatura. Tras alimentarse, regresan al entorno doméstico.
Estos parásitos transmiten la bacteria Rickettsia typhi, causante de tifus murino, a través de heces que entran en contacto con heridas. La ingestión accidental de un parásito infectado puede generar también teniasis por Dipylidium caninum. El control efectivo exige aplicar simultáneamente antiparasitarios veterinarios al animal y una desinfección profunda del hogar, incluyendo aspirado diario y lavado de textiles a 60 grados.
Prevención clave
Mantener al día el calendario de desparasitación y actuar ante los primeros signos de rascado constante en la mascota impide que la plaga se establezca en el hogar y afecte a la familia.
