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Radulovic, la apuesta del Zaragoza

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El Real Zaragoza ha convertido a Bojan Radulovic en su gran referencia para reconstruir el ataque, pero la operación ha entrado en una fase delicada. El delantero, de 26 años, reúne casi todos los rasgos que el club busca para su nuevo proyecto en Primera RFEF: poderío físico, presencia aérea, movilidad suficiente para asociarse y un pasado que le conecta con España. Nació en Lérida, se formó en el Lleida y llegó a debutar con el primer equipo antes de iniciar un recorrido por varias ligas europeas que lo ha hecho más completo y también más visible para el mercado. El problema no está en el encaje deportivo, sino en la voluntad del Huddersfield Town, que no parece dispuesto a facilitar su salida y le ha puesto sobre la mesa una renovación para blindarlo.

Ese giro obliga al Zaragoza a operar con una lógica de contingencia. El club había situado al balcánico como prioridad absoluta para liderar la delantera en un curso marcado por el objetivo de ascenso, pero la resistencia del equipo inglés altera el mapa de decisiones. No es solo una cuestión de paciencia. En una plantilla que necesita gol y jerarquía arriba, cada semana de bloqueo reduce margen para cerrar el resto de posiciones sensibles y encarece la construcción del bloque. Por eso la dirección deportiva ha reactivado opciones que estaban en segundo plano, como Jesús de Miguel, mientras Joaquín Delgado sigue en la lista aunque con menos peso por su reticencia a competir en Primera RFEF y por la necesidad de salida que también condiciona al Oviedo.

La insistencia por Radulovic se entiende mejor si se observa su trayectoria. No es un delantero surgido de una explosión repentina, sino de una acumulación de etapas que han ido afinando su valor. Pasó por Brighton, Espanyol B y Alavés B sin terminar de asentarse, luego encontró estabilidad en el AIK y, sobre todo, en el HJK finlandés, donde pasó de ser un atacante prometedor a un delantero decisivo. Sus ocho goles en su primera gran campaña en Helsinki sirvieron para sostener un tercer título liguero consecutivo; después, en la 23-24, firmó 18 tantos en 24 partidos y añadió seis más en fase de grupos de la Conference League. Ese rendimiento explica que el Huddersfield invirtiera por él en enero de 2024 y también que hoy su nombre vuelva a despertar interés en España. Para un club como el Zaragoza, que necesita un nueve capaz de castigar centros laterales y fijar centrales, esa mezcla de talla y producción no es fácil de replicar en el mercado.

El caso revela, además, un problema más amplio de los equipos que compiten en categorías con menos tracción económica: cuando un jugador recupera valor, el margen de negociación se desplaza casi por completo hacia el club que posee sus derechos. Huddersfield no ve a Radulovic como una pieza prescindible, sino como un activo que todavía puede revalorizarse en Inglaterra o mediante una renovación. Para el Zaragoza, que compite desde una división con menor poder financiero y menor capacidad de seducción inmediata, eso supone depender de variables externas: la disposición del futbolista, la presión del calendario y la posibilidad de ofrecerle un proyecto deportivo convincente pese al descenso de categoría. Ese tipo de operaciones suele resolverse menos por una oferta aislada que por la suma de contexto, insistencia y oportunidad.

La dirección deportiva, por tanto, no está gestionando solo un nombre sino una estructura de riesgo. Si Radulovic cae, el equipo ganará un delantero con un perfil que combina referencia y movilidad, útil tanto para un juego directo como para transiciones más elaboradas. Si no cae, el mercado no ofrece un sustituto automático con el mismo equilibrio de coste, experiencia y encaje. De ahí que aparezcan alternativas de perfiles distintos. Jesús de Miguel aporta presencia y ya había estado encima de la mesa antes de que los problemas de pubis y la exigencia del Tenerife de exigir traspaso frenaran la operación. Joaquín Delgado, por su parte, añade otra vía, aunque con menor prioridad. La lectura es clara: el Zaragoza no busca acumular atacantes por volumen, sino resolver una necesidad funcional que determine cómo se va a jugar y no solo quién ocupará la punta.

El impacto del desenlace puede ir más allá del verano inmediato. Si el club consigue cerrar a Radulovic, enviará una señal de ambición y capacidad de ejecución en un mercado donde la credibilidad pesa tanto como el dinero. También reforzará la idea de que la cantera de ligas menores europeas y de mercados nórdicos sigue siendo un territorio fértil para equipos españoles en reconstrucción. Si la operación se cae, el efecto será distinto: obligará a reajustar expectativas, puede alargar el proceso de adaptación del ataque y aumentará la presión sobre el resto de fichajes pendientes, entre ellos el central y el atacante de banda o mediapunta que Ibai Gómez ha pedido públicamente. En un proyecto que aspira a volver rápido a un escalón superior, la gestión de este movimiento es algo más que una negociación puntual; es una prueba de capacidad para convertir una idea deportiva en una plantilla competitiva.

Por eso el asunto tiene una lectura que excede la simple lista de candidatos. El Zaragoza intenta decidir si quiere un delantero que sostenga el plan o un plan que se adapte al delantero. En esa diferencia se juega buena parte de su verano y, probablemente, de su curso. Radulovic encaja en el tipo de futbolista que suele ordenar un ataque desde la primera jornada, pero su fichaje depende de que tres actores coincidan al mismo tiempo: el club vendedor, el jugador y un mercado que no siempre recompensa la urgencia de quien necesita cerrar antes para empezar a competir con certezas.

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