Jon Rahm cerró el British Open en el puesto 46 y admitió sin rodeos que su campaña en los cuatro grandes torneos disputados hasta ahora no ha sido satisfactoria. La segunda plaza lograda en el Campeonato de la PGA en mayo quedó como excepción aislada; los restantes resultados reflejan problemas recurrentes con el putt y errores de salida que han lastrado sus opciones reales de victoria. El golfista vasco, exnúmero uno del mundo, situó el análisis en una rueda de prensa celebrada en Rocester, sede del próximo evento de LIV Golf en el Reino Unido.
Los datos concretos muestran que Rahm acumuló tres dobles bogeys en el fin de semana del Open Británico, dos de ellos provocados por salidas fallidas en el primer hoyo. Estos errores iniciales obligaron al español a jugar siempre a la defensiva en un recorrido que se endurecía cada jornada. El rendimiento con el putt, por su parte, impidió convertir las oportunidades generadas durante las primeras dos rondas. Rahm destacó que realizó muchas cosas bien desde el tee y el approach, pero la falta de acierto en los greens resultó determinante.

El putt como variable crítica en campos de élite
El análisis de Rahm sobre su propio rendimiento permite identificar un patrón que trasciende su caso individual. En los grandes torneos, donde los campos se defienden con roughes más altos y greens más rápidos, el golpe con el putter adquiere un peso desproporcionado. Datos de la temporada 2025-2026 indican que los jugadores que terminan entre los diez primeros en majors promedian menos de 29 putts por ronda; Rahm superó esa cifra en tres de los cuatro eventos principales. Esta brecha no responde a una carencia técnica general, sino a la dificultad de mantener la misma consistencia bajo la presión añadida de los majors.
La experiencia del español en Aronimink ilustra el contraste: allí lideró gran parte del torneo, pero un domingo irregular le impidió cerrar la victoria. En el British Open el problema se repitió con mayor intensidad porque los errores iniciales redujeron el margen de maniobra. La combinación de salidas defectuosas y fallos en putts cortos genera una espiral que obliga al jugador a asumir riesgos mayores en los hoyos restantes, elevando la probabilidad de nuevos bogeys.
Presión sobre la regularidad en circuitos paralelos
La posibilidad de lograr su tercera victoria consecutiva en LIV Golf añade una capa adicional de complejidad. Rahm lidera la clasificación y podría sellar el título si gana en Rocester y Bryson DeChambeau no logra el segundo puesto en solitario. Sin embargo, el golfista subrayó que el valor real de estos triunfos radica en la demostración de constancia a lo largo de toda la temporada, no solo en los eventos de la liga saudí. Esta distinción resulta relevante porque LIV premia la regularidad semanal, mientras que los majors exigen picos de rendimiento en condiciones extremas.
Otros participantes de LIV, como DeChambeau, han mostrado mayor capacidad para convertir semanas sólidas en victorias mayores. La diferencia de resultados entre ambos jugadores plantea preguntas sobre los métodos de preparación y la gestión mental cuando se transita entre formatos de torneo tan distintos. Rahm ha acumulado numerosos top-10, pero la conversión de esas actuaciones en títulos de grande sigue siendo inferior a la de algunos rivales directos.
Incógnitas sobre la financiación saudí y la continuidad del circuito
La retirada parcial de fondos por parte de Arabia Saudí ha generado incertidumbre en torno al futuro de LIV. Rahm confirmó que existen contactos con la dirección del circuito, aunque se negó a revelar detalles. Esta reserva refleja la sensibilidad del asunto para los jugadores, que dependen de contratos plurianuales y de la viabilidad económica del proyecto. La falta de información pública alimenta especulaciones sobre posibles fusiones con el PGA Tour o reestructuraciones de calendario.
Desde la perspectiva de los organizadores de majors, la situación de LIV afecta indirectamente la composición de los campos. Si varios jugadores de alto nivel abandonaran el circuito saudí, la dinámica de participación en los grandes torneos podría modificarse. Por otro lado, los aficionados y patrocinadores tradicionales observan con cautela cualquier movimiento que altere la estructura histórica del golf profesional. La postura de Rahm, centrada en el optimismo personal y en su capacidad de generar ingresos mediante el golf, contrasta con la preocupación latente de otros golfistas que carecen de su nivel de respaldo económico.
Riesgos de fragmentación y pérdida de atractivo competitivo
La indefinición actual plantea riesgos concretos para la trayectoria de Rahm. Una posible desaparición o reducción drástica de LIV reduciría sus opciones de competir a alto nivel de forma regular, obligándole a buscar reinserción en el PGA Tour bajo condiciones menos favorables. Además, la constante comparación entre resultados en majors y en circuitos alternativos puede erosionar la percepción pública de su estatus como jugador élite si no logra revertir la tendencia en los próximos grandes.
El propio Rahm reconoció que fuera del campo mantiene una visión optimista de su situación. Esta actitud resulta comprensible dado que su nivel de ingresos y prestigio sigue siendo elevado, pero no elimina las tensiones estructurales que afectan al ecosistema del golf profesional. La evolución de las negociaciones entre LIV y el PGA Tour determinará en gran medida si jugadores como Rahm pueden mantener un calendario equilibrado que combine regularidad semanal con aspiraciones reales en los majors.
