El Gran Premio de Bélgica expuso un riesgo crítico en los pits cuando Lewis Hamilton atropelló a un mecánico de Ferrari en la vuelta 21. El heptacampeón ingresó para cumplir una penalización y cambiar neumáticos, pero la luz verde se activó antes de tiempo y aceleró sin advertir que el mecánico seguía trabajando en el monoplaza.

Hamilton describió el momento con precisión: la señal lo impulsó a arrancar mientras miraba el pitlane y no el lateral del auto. Al verlo, quedó paralizado y recordó incidentes previos. “Se me encogió el corazón”, declaró, aunque confirmó que el mecánico no sufrió daños graves. El piloto señaló que el error surgió de una falla de coordinación del equipo, sin asignar culpas directas.
La salida anticipada impidió completar los ajustes necesarios, lo que redujo el rendimiento del auto y eliminó opciones de podio. Aun así, Hamilton terminó cuarto y recuperó el segundo puesto en el campeonato. El episodio revela cómo un fallo de milisegundos en boxes puede alterar tanto la seguridad como la clasificación, y obliga a revisar protocolos de señalización en un deporte donde la velocidad y la precisión conviven bajo presión constante.
