Real Potosí obtuvo en Montero un empate que vale más que un punto. El 1-1 ante Guabirá, logrado a diez minutos del final y defendido con una atajada decisiva en tiempo de adición, permite al cuadro lila conservarse en la disputa por una plaza internacional para 2027. Para el equipo potosino, que jugó buena parte del partido bajo presión, el resultado confirma una capacidad competitiva que no depende únicamente de dominar la pelota: supo resistir, identificó el momento para golpear y sostuvo la igualdad cuando el rival buscaba una última reacción.
Guabirá, en cambio, dejó el estadio Gilberto Parada con una sensación muy distinta. Había conseguido la ventaja a los 66 minutos y parecía tener el escenario controlado, pero no pudo transformar ese impulso en una victoria. La pérdida de dos unidades no sólo afecta la lectura inmediata de un encuentro favorable; también expone una dificultad que puede condicionar sus objetivos: generar posesión no garantiza resolver los partidos si esa circulación no se convierte en profundidad, precisión y protección de la ventaja.
Un empate construido desde la resistencia
El primer tiempo explicó la base del resultado visitante. Real Potosí se plantó con orden, redujo espacios en su propio campo y obligó a Guabirá a jugar lejos de las zonas donde podía hacer daño. Los azucareros tuvieron más el balón, pero les faltaron movimientos rápidos y conexiones claras para desmontar la estructura defensiva rival. Su oportunidad más nítida fue una media vuelta de Víctor Ábrego, contenida con seguridad por Christian Martínez.

La propuesta potosina no fue una renuncia al ataque, sino una administración de riesgos. Hugo Rojas y Jeferson Rivas ofrecieron salidas rápidas para aprovechar los espacios que dejaba Guabirá al adelantar líneas. Aunque esas transiciones no produjeron una ventaja antes del descanso, cumplieron una función relevante: impidieron que el local atacara con todos sus hombres y mantuvieron abierta la amenaza de una respuesta visitante. Esa clase de disciplina táctica suele ser decisiva en partidos fuera de casa, especialmente cuando el rival necesita asumir la iniciativa.
Guabirá encontró el gol, pero no el control
Tras el reinicio, Real Potosí mostró que su planteamiento podía evolucionar. A los 49 minutos, Juan Pablo Rioja tuvo la apertura con un cabezazo que salió desviado, una advertencia de que los lilas ya no se limitaban a defender. Guabirá respondió elevando su intensidad y encontró el 1-0 mediante una jugada preparada: Rafinha ejecutó un tiro libre, Milciades Portillo ganó el primer balón aéreo y Sergio Gil definió en el segundo contacto.
El gol local parecía premiar la insistencia, pero no corrigió por completo los problemas previos de elaboración. Guabirá pasó de la ansiedad por abrir el marcador a la necesidad de administrarlo, dos exigencias diferentes. En vez de imponer una secuencia larga de posesiones que alejara a Real Potosí de su arco, dejó que el partido conservara espacios y episodios de transición. Esa continuidad competitiva fue la oportunidad que necesitaba el visitante para mantenerse conectado al resultado.
La jugada que cambió la lectura de la noche
La igualdad llegó a los 80 minutos y condensó la eficacia de Real Potosí. Stiven Plaza resolvió una acción de ataque con un pase de taco que desordenó a la defensa local y dejó a Vladimir Castellón en una posición favorable. El delantero no desaprovechó la ocasión y firmó el 1-1. La acción tuvo valor técnico, pero también simbólico: el visitante encontró una solución creativa en el momento en que Guabirá necesitaba cerrar el encuentro con mayor firmeza.
El empate todavía requirió una última intervención de alta jerarquía. En el segundo minuto de adición, Pedro Cabral sacó un remate con destino de gol, pero Christian Martínez respondió con una atajada determinante. El arquero no sólo sostuvo el marcador; completó una actuación coherente con el plan del equipo. Su seguridad ante Ábrego en el inicio y su reacción final marcaron los extremos de una noche en la que Real Potosí necesitó defender con concentración hasta el último segundo.
Dos consecuencias distintas para la tabla y la confianza
Para Real Potosí, el punto refuerza una campaña basada en la competitividad y en la capacidad de puntuar en escenarios complejos. Mantenerse en la zona de clasificación internacional no equivale a tener el objetivo asegurado, pero sí le concede margen para afrontar la siguiente etapa con una referencia clara: cuando el equipo conserva orden sin perder ambición ofensiva, puede responder incluso después de recibir un golpe. El empate en Montero muestra que su fortaleza no está sólo en resistir, sino en elegir con precisión cuándo cambiar el ritmo.
Guabirá deberá procesar el resultado desde una perspectiva más exigente. El equipo encontró una vía efectiva en la pelota detenida, pero volvió a quedar expuesto cuando el partido pidió manejo emocional y control territorial. En una lucha de objetivos ajustados, los encuentros que parecen encaminados suelen definir posiciones al final del calendario. El 1-1 no elimina sus aspiraciones, aunque sí aumenta el costo de futuras distracciones: en Montero, Real Potosí convirtió una noche de resistencia en una señal de vigencia, mientras Guabirá dejó escapar una victoria que podía modificar su impulso.
