Dos días después de publicar el cuadro de la fase autonómica de la Copa RFEF, la Real Federación Galega de Fútbol ha debido reajustar el formato debido a las bajas de Sarriana, Barco y Viveiro. La decisión reduce el número de participantes a dieciséis equipos y elimina la eliminatoria previa. El plazo para comunicar nuevas renuncias concluye el 27 de julio, aunque el Montañeros ya ha confirmado su intención de disputar su encuentro ante el Bergantiños.
La situación refleja tensiones estructurales que afectan a los clubes de Tercera RFEF y Segunda RFEF en Galicia. Los costes de desplazamiento, la preparación de plantillas en pleno verano y la falta de ingresos por taquilla generan un desequilibrio que obliga a varios equipos a priorizar la liga regular sobre competiciones secundarias.
Causas económicas detrás de las bajas
El Arenteiro atraviesa una crisis financiera que pone en duda su continuidad incluso en la categoría. El Arteixo, por su parte, evalúa el riesgo de alinear una plantilla todavía en formación contra rivales más consolidados. Estas decisiones no responden a falta de ambición deportiva, sino a cálculos presupuestarios que priorizan la supervivencia del club a medio plazo.
El Céltiga también se inclina por anunciar su retirada en los próximos días, según fuentes cercanas a la directiva. En conjunto, tres de los cuatro equipos de Tercera RFEF que inicialmente figuraban en el sorteo han optado por no participar. Este patrón indica que la competición autonómica de la Copa RFEF pierde atractivo para clubes con recursos limitados.
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Perspectivas de los distintos clubes
Los equipos con mayor capacidad económica, como el Racing de Ferrol o el Ourense CF, ven en estas renuncias una oportunidad para avanzar con menor esfuerzo hasta cuartos de final. Sin embargo, el Montañeros ha optado por la vía contraria y ya ha contactado al Bergantiños para fijar fecha el 1 de agosto en Elviña, demostrando que algunos clubes de la misma categoría valoran el torneo como plataforma de visibilidad.
Los clubes coruñeses (Arteixo, Silva, Montañeros y Bergantiños) compiten en la misma mitad del cuadro. Cualquier resultado favorable en octavos garantiza la presencia de un representante de la provincia en semifinales. Esta circunstancia añade un componente territorial al desarrollo de la fase autonómica que no existía en ediciones anteriores con más participantes.
Alteración del calendario y formato
Al desaparecer la ronda previa, los octavos de final se disputarán entre el 27 de julio y el 2 de agosto. Las fechas posteriores permanecen intactas: cuartos entre el 3 y el 9 de agosto, semifinales entre el 10 y el 16, y final entre el 19 y el 23. En ausencia de acuerdo, las eliminatorias se jugarán los miércoles a las 20:00 y la final el domingo 23 a la misma hora.
La reducción de equipos simplifica la logística federativa, pero reduce el número de partidos y, por tanto, los ingresos indirectos que algunos clubes obtenían de esta fase. El ganador autonómico sigue teniendo acceso a la fase nacional, donde los semifinalistas logran plaza para la Copa del Rey, un incentivo que sigue vigente pese a las bajas.
Repercusiones para el fútbol base gallego
La renuncia de varios equipos de Tercera RFEF limita las oportunidades de enfrentamiento entre clubes de distintas categorías. Históricamente, estos choques servían como escaparate para jugadores jóvenes y como fuente de ingresos adicionales para entidades modestas. La ausencia de tres equipos reduce ese intercambio y acentúa la distancia entre los clubes profesionales o semiprofesionales y el resto del tejido federado.
El Montañeros, al aceptar el reto contra el Bergantiños, muestra una estrategia distinta: utilizar el torneo para medir su nivel actual y generar experiencia en un contexto de exigencia media. Esta opción puede resultar beneficiosa si el club logra mantener la plantilla durante el verano y evitar lesiones que afecten el inicio de liga.
Riesgos de participación irregular
Si el Arenteiro o el Céltiga confirman su baja antes del 27 de julio, sus rivales (Ourense CF y Boiro) avanzarán directamente a cuartos. Este mecanismo, aunque práctico, genera un calendario asimétrico que puede favorecer a unos equipos en detrimento de otros. La falta de rodaje competitivo antes de la fase nacional podría penalizar al eventual campeón autonómico cuando se enfrente a rivales de otras comunidades que sí hayan disputado más encuentros.
Además, la inestabilidad presupuestaria de varios clubes gallegos plantea la posibilidad de que este tipo de renuncias se repitan en ediciones futuras. Sin un sistema de compensación económica o de ayuda federativa para cubrir gastos de desplazamiento, la fase autonómica corre el riesgo de convertirse en un torneo reservado a un puñado de equipos con mayor solvencia.
Escenarios futuros para la competición
La Real Federación Galega de Fútbol podría considerar, a medio plazo, la introducción de incentivos económicos o la reducción de la distancia entre sedes para mantener el interés de los clubes de Tercera RFEF. Otra vía sería agrupar los encuentros en fines de semana concentrados, minimizando costes logísticos. De no adoptarse medidas, el número de renuncias podría estabilizarse en torno a tres o cuatro equipos por edición, alterando permanentemente el formato del torneo.
El caso del Montañeros ilustra que la decisión de participar depende tanto de factores económicos como de la estrategia deportiva de cada club. Aquellos que logran alinear objetivos competitivos con capacidad organizativa mantendrán su presencia, mientras que los que prioricen la estabilidad financiera optarán por la retirada. Esta dinámica configura un panorama más selectivo para la Copa Federación en Galicia durante los próximos años.
