River Plate atraviesa una de las peores crisis deportivas de su historia reciente. La derrota por 1-0 ante Rosario Central, por la tercera fecha del Torneo Clausura 2026, provocó la quinta caída consecutiva del equipo en torneos organizados por la AFA, una racha negativa que el club no sufría desde 1911. El dato no solo agrava el presente futbolístico: expone la pérdida de respuestas de un plantel que fue construido con grandes nombres y una inversión millonaria.

Una crisis que ya excede al campo
El malestar se trasladó rápidamente a las tribunas y al debate público. El periodista Hernán Castillo describió un clima de hostilidad marcado por insultos a dirigentes y jugadores, silbidos al entrenador Eduardo Coudet y el grito de “que se vayan todos”. Su diagnóstico apuntó a la falta de funcionamiento: centros repetidos, escasa elaboración y una preocupante fragilidad mental cada vez que el rival consigue ponerse en ventaja.
Nicolás Distasio fue aún más contundente y sostuvo que River “tocó fondo”. Según su lectura, el problema combina tres niveles: futbolistas que no responden, un director técnico que todavía no encuentra una formación confiable y dirigentes cuestionados por la planificación del plantel. La acumulación de derrotas convierte así una mala campaña en una crisis estructural, porque el gasto en incorporaciones no se tradujo en un equipo competitivo ni estable.
Lito Costa Febre coincidió en que River mereció al menos el empate ante Rosario Central, pero remarcó que el equipo está lejos de representar la historia de la institución. Con el crédito de Coudet en descenso y la conducción bajo presión, el club necesita recuperar resultados, identidad y autoridad interna con urgencia. La próxima respuesta no será evaluada únicamente por el marcador: también determinará si River logra frenar una dinámica que ya excede una racha adversa.
