River Plate no logra consolidar un mediocampo que le permita dominar los partidos desde 2023, cuando conquistó su último título largo con Martín Demichelis. Las salidas de Enzo Pérez, Nicolás De la Cruz y Esequiel Barco dejaron un vacío que las incorporaciones posteriores no han podido llenar. Jugadores como Kevin Castaño, Rodrigo Villagra, Manuel Lanzini, Matías Rojas y el regreso de Juan Fernando Quintero han pasado sin generar la cohesión necesaria, ya sea por lesiones recurrentes, rescisiones anticipadas o bajo rendimiento. Esta debilidad se refleja en la falta de pases filtrados y en la incapacidad para abastecer a los delanteros con claridad.

Con Eduardo Coudet al mando, la situación se agrava por lesiones de Mauro Arambarri, Marcos Acuña, Aníbal Moreno y Sebastián Driussi. El técnico necesita urgentemente tres puntos ante Rosario Central para estabilizar su cargo, pero sigue sin encontrar la fórmula táctica en una zona que exige precisión quirúrgica. La llegada del joven Tobías Andrada desde Vélez por más de 11 millones de dólares representa una apuesta a futuro, aunque contradice el reclamo de Coudet por refuerzos experimentados. Sin un volante que aporte pausa y visión, River continúa dependiendo de fórmulas temporales que no generan identidad colectiva.
El riesgo de seguir sin soluciones
La historia reciente muestra que ni las contrataciones a costo cero ni las de bajo presupuesto han resuelto el problema estructural. Coudet advierte que el equipo carece de ese pase de gol en los últimos treinta metros, y la permanencia del DT depende ahora de resultados inmediatos. River debe acelerar fichajes de calidad en el mediocampo si quiere recuperar el control de los partidos que su historia exige.
