El terrorífico pirata de Backrooms no nació por completo de los efectos digitales. Detrás de la figura que inquieta a los espectadores está Robert Bobroczkyi, exbasquetbolista rumano de 2,31 metros de altura, cuya presencia física se convirtió en uno de los recursos visuales más contundentes de la película.
Dirigida por Kane Parsons, la cinta de ciencia ficción y terror psicológico presenta a Bobroczkyi como uno de sus principales villanos. Sus proporciones, la amplitud de sus movimientos y la forma en que ocupa el encuadre producen una sensación de extrañeza que muchos espectadores atribuyeron inicialmente a una criatura generada por computadora.

De las canchas al horror
Según información difundida por MeriStation, la intervención de CGI en el personaje se limitó a la pata de palo. El vestuario, la silueta y buena parte de los movimientos corresponden al propio actor. La decisión refuerza el impacto de una amenaza construida a partir de un cuerpo real, en lugar de depender exclusivamente de la animación digital.
Bobroczkyi comenzó a llamar la atención internacional a los 15 años, cuando videos suyos jugando baloncesto se volvieron virales por su estatura y sus extremidades alargadas. Aquello le ofrecía una ventaja inusual en la cancha, pero también terminó convirtiendo su físico en una herramienta para el cine de criaturas.
Su transición a la pantalla ya había ocurrido en Alien: Romulus, donde interpretó a El Descendiente, la criatura que aparece al final de la película. En Backrooms, esa experiencia adquiere una función más definida: su tamaño no es un detalle del personaje, sino el centro de la amenaza.
La elección de Bobroczkyi revela una tendencia del terror contemporáneo: combinar efectos digitales con rasgos físicos imposibles de reproducir por completo mediante ordenador. En este caso, el miedo surge precisamente de reconocer que la figura parece fantástica, aunque su presencia esencial sea humana.
