A media hora del centro de Madrid, Villanueva de la Cañada alberga la urbanización Villafranca del Castillo, donde Rodrigo Hernández Cascante pasó su infancia. Este entorno de chalets y zonas verdes sigue siendo el punto de referencia para quienes conocieron al jugador antes de su proyección internacional. Los vecinos destacan que, pese al paso de los años y el éxito alcanzado, Rodri mantiene contactos regulares con parte de su círculo original.
El contexto que formó al centrocampista
El barrio surgió en los años setenta como zona residencial para familias madrileñas. Sus calles, bautizadas con nombres de castillos, y el escudo de la comunidad de propietarios reflejan un pasado medieval ligado al castillo de Aulencia. En ese marco, Rodri desarrolló desde niño una relación constante con el balón, alternando partidos improvisados en jardines comunitarios con sesiones de piscina durante los veranos. Quienes lo observaron en esa etapa señalan una inteligencia para leer el juego que ya entonces superaba la media de su edad.
El primer club federado del jugador fue el CD Villanueva de la Cañada, donde disputó dos temporadas en categorías prebenjamín y benjamín. Los entrenamientos se celebraban en el antiguo campo de tierra del Complejo Deportivo Santiago Apóstol, situado a pocos metros del Colegio Internacional Kolbe, centro donde cursó sus estudios y obtuvo buenas calificaciones. Aunque competía habitualmente con niños mayores, su físico menudo no impidió que destacara por la capacidad de interpretar situaciones de partido.

El salto y los primeros pasos fuera del municipio
En su segundo año benjamín, Rodri fichó por el Rayo Majadahonda. Un año después, en 2007, ingresó en la cantera del Atlético de Madrid. Los desplazamientos diarios hasta el Cerro del Espino se realizaban en autobús de línea, con la mochila del colegio a cuestas, porque ambos padres trabajaban. Esa rutina combinó estudios, trayectos y entrenamientos durante varios cursos, sentando las bases de una trayectoria que más tarde pasó por Villarreal y Manchester City.
Los lazos que permanecen activos
Los testimonios de residentes coinciden en que Rodri nunca rompió del todo el vínculo con Villanueva de la Cañada. Cuando regresa, aparece en las gradas del campo local, participa en partidos informales y visita a antiguos compañeros de colegio. Además, sigue los resultados del CD Villanueva y ha mantenido videollamadas con equipos de la cantera para ofrecer consejos y subrayar la importancia de continuar los estudios. Varios vecinos relatan que, incluso después de conquistar el Balón de Oro en 2024, ha invitado a algunos amigos de la infancia a partidos relevantes del Manchester City.
El reconocimiento institucional pendiente
Tras el premio individual de 2024, el Ayuntamiento estudió rebautizar el campo del Complejo Deportivo Santiago Apóstol como Estadio Rodrigo Hernández. Dos años después, la propuesta sigue sin materializarse pese a las peticiones de los residentes. En el municipio, la percepción general es que el orgullo por el jugador trasciende la afiliación a cualquier club: “Aquí la gente no es del City, pero es de Rodri”, resumen varios vecinos. La consecución de un nuevo título con la selección española podría acelerar la decisión municipal de formalizar ese homenaje en el lugar donde se inició su trayectoria.
El caso de Rodri ilustra cómo un entorno residencial tranquilo puede suministrar las condiciones iniciales para el desarrollo de un deportista de élite. Los recuerdos compartidos por quienes lo vieron entrenar en el campo de tierra o jugar en las canchas cercanas aportan detalles concretos sobre la continuidad de esos lazos. La evolución desde el CD Villanueva hasta la selección española muestra un recorrido sostenido por la constancia y el apoyo familiar, sin que el éxito internacional haya borrado el anclaje original en Villanueva de la Cañada.
