El European Golden Oldies Rugby Festival celebró en Valencia su decimoctava edición con la participación de más de 1.500 jugadores procedentes de una decena de países. Unión Rugby Almería aportó 53 efectivos distribuidos en las categorías +35 y +50, completando doce partidos sin conocer la derrota y encajando únicamente dos ensayos. La incorporación de la categoría femenina y la presencia de equipos de Argentina y Nueva Zelanda marcaron un punto de inflexión en la escala y la composición del torneo.
Impacto económico y turístico del modelo EGORF
La concentración de 1.500 deportistas veteranos junto con familiares y voluntarios genera un flujo económico directo en alojamiento, restauración y transporte. El Club Atlético Universitario de Valencia, organizador local, ha cuantificado un balance “extraordinariamente positivo” que trasciende el ámbito deportivo. Eventos de este tipo consolidan a las ciudades sede como destinos de turismo activo durante la temporada estival, cuando la demanda tradicional de sol y playa puede complementarse con propuestas de ocio estructurado.
El uso de las seis instalaciones situadas en el antiguo cauce del Turia permitió minimizar costes logísticos y maximizar la visibilidad urbana del evento. Esta estrategia de reutilización de espacios públicos reduce la necesidad de infraestructuras nuevas y ofrece un modelo replicable para otras capitales que busquen posicionarse en el segmento del deporte senior sin grandes inversiones.

El rugby como herramienta de integración transgeneracional
Antonio Rodríguez ‘Tuercas’ destaca que el respeto constituye el eje organizativo del equipo y que el rival se convierte en amigo una vez finalizado el partido. Esta filosofía se materializó en la incorporación de jugadores procedentes de Murcia, Málaga y Granada que completaron las plantillas de URA. La exigencia de tres entrenamientos conjuntos previos garantizó la cohesión táctica pese a la procedencia diversa de los refuerzos.
La apertura a la participación femenina amplía el espectro de inclusión más allá de la edad. Aunque el número de jugadoras en 2026 aún representa una minoría, la medida establece un precedente que puede acelerar la creación de categorías específicas y atraer a un público que hasta ahora permanecía al margen de los torneos golden oldies.
Preparación técnica y prevención de lesiones
La colaboración con los preparadores Dani Ozán y Jonathan Sido durante meses anteriores al torneo permitió a los jugadores de URA afrontar un nivel de exigencia superior al registrado en Lisboa y Sevilla. El dato de solo dos ensayos encajados en doce partidos y la ausencia de lesiones relevantes evidencian que la planificación técnica reduce el riesgo inherente a la práctica de rugby en edades avanzadas.
Este enfoque contrasta con la percepción habitual de que el rugby veterano es meramente recreativo. Los clubes que invierten en preparación específica obtienen ventajas competitivas y, sobre todo, prolongan la vida deportiva de sus jugadores, un factor clave cuando la media de edad supera los 40 años.
Perspectivas de futuro y riesgos identificados
El paso inmediato de la temporada de césped a la de playa, con el Terre Rugby de Pulpí previsto para el 11 de julio, ilustra la voluntad de mantener la actividad durante todo el año. Esta continuidad favorece tanto la forma física como la cohesión social del grupo. Sin embargo, la dependencia de refuerzos externos para completar plantillas plantea un riesgo de sostenibilidad: si las relaciones interclub se debilitan, la capacidad de inscribirse en dos categorías simultáneas podría verse comprometida.
El reconocimiento a Keith Perry, de 84 años, y al equipo neozelandés Suburbs Katipos por el viaje más largo pone de relieve el carácter internacional del torneo. Esta diversidad geográfica incrementa el atractivo mediático, pero también eleva los costes de desplazamiento y la huella de carbono asociada. Los organizadores deberán evaluar fórmulas de compensación o formatos híbridos si desean mantener el crecimiento sin tensionar los recursos de los clubes participantes.
La entrega de trofeos conmemorativos y el ambiente festivo de clausura refuerzan el componente emocional que distingue al rugby veterano de otras competiciones. No obstante, la profesionalización incipiente del evento podría generar tensiones entre quienes priorizan la convivencia y quienes aspiran a mayor competitividad. Equilibrar ambos objetivos constituirá el principal desafío para las próximas ediciones del EGORF.
