Aryna Sabalenka ya está en los cuartos de final del US Open después de superar a Taylor Townsend por 6-4 y 6-3 en una hora y quince minutos. El resultado confirma la clasificación de la bielorrusa entre las ocho mejores del torneo, pero el marcador no refleja por completo las dificultades que tuvo que resolver durante el partido. Sabalenka compitió al límite, especialmente en el segundo set, y convirtió una situación incómoda en una nueva demostración de capacidad competitiva.
La número uno mundial llegó a Nueva York rodeada de dudas. Sus títulos consecutivos en 2024 y 2025 y su prolongado dominio del ranking no han impedido que su rendimiento haya perdido regularidad desde el doblete conquistado en Indian Wells y Miami. Durante el verano quedó fuera en los octavos de final tanto en Toronto como en Cincinnati, con derrotas ante la rusa Ekaterina Alexandrova y la checa Sara Bejlek. Fueron dos partidos grises que alimentaron la discusión sobre su estado de forma justo antes del último Grand Slam de la temporada.

Una victoria construida en los momentos de mayor presión
Townsend, de 30 años y situada en el puesto 96 de la clasificación, planteó un encuentro más exigente de lo que su posición podía sugerir. La estadounidense, especialista en dobles, utilizó sus recursos técnicos y su variedad para incomodar a una rival que necesitaba imponer desde el inicio la potencia de sus golpes. Sabalenka se llevó el primer set por 6-4, pero no consiguió jugar con la fluidez suficiente para cerrar pronto el encuentro.
El momento más delicado llegó en la segunda manga. La bielorrusa cedió su servicio y se encontró 1-3 abajo, una situación que podía prolongar el partido y aumentar la presión sobre su juego. Su respuesta fue inmediata y agresiva. En lugar de tratar de administrar el intercambio o esperar el error de Townsend, Sabalenka aceleró sus golpes y asumió el riesgo que forma parte de su identidad tenística. La apuesta funcionó: encadenó cinco juegos consecutivos y selló la victoria con un parcial de 5-0.
Ese tramo final explica mejor el valor de su clasificación que una estadística aislada. Sabalenka no necesitó desplegar su versión más limpia, pero sí encontró soluciones cuando el encuentro amenazaba con complicarse. Su capacidad para transformar la frustración en iniciativa ofensiva sigue siendo uno de sus principales argumentos en las grandes citas. En Nueva York, donde cada ronda aumenta la exigencia física y mental, esa respuesta puede ser tan importante como la precisión de su primer servicio o la potencia de su derecha.
El título pesa más que las cuentas del ranking
La defensa del número uno mundial añade una dimensión adicional a cada partido de Sabalenka. La bielorrusa conserva el liderato desde el 21 de octubre de 2024 y acumula 104 semanas en la cima, 99 de ellas dentro de la sexta mejor racha histórica. Sin embargo, su situación es clara: para mantener el primer puesto necesita completar en Nueva York un tercer título consecutivo, un “hat trick” que no se consigue en el US Open desde el logrado por Serena Williams entre 2012 y 2014.
El escenario puede cambiar sin que Sabalenka pierda necesariamente antes de la final. Elena Rybakina, actual número dos, la superará si alcanza las semifinales. Ese posible movimiento también dejaría sin opciones a las estadounidenses Coco Gauff y Jessica Pegula, que siguen pendientes de la trayectoria de Rybakina y necesitarían ganar el torneo para aspirar al liderato. Las cuentas convierten cada partido de la parte alta del cuadro en una pieza de una batalla más amplia, aunque la propia Sabalenka ha insistido en que su prioridad es recuperar su mejor tenis y conquistar el trofeo.
Las críticas externas y la respuesta en la pista
La irregularidad de los últimos meses estuvo acompañada por cuestionamientos sobre su actividad fuera de la competición. A sus 28 años, Sabalenka tuvo que escuchar críticas relacionadas con su presencia en distintos actos y con la posibilidad de que esas obligaciones estuvieran restando concentración a su preparación para los torneos grandes. La jugadora rechazó que existiera un problema de compromiso deportivo y ha elegido responder mediante resultados.
Su actuación ante Townsend no elimina todas las dudas, pero sí aporta una señal relevante. La bielorrusa todavía no ha cedido un set en este US Open y ha superado una ronda especialmente importante sin prolongar el desgaste. El dato debe interpretarse con cautela: aún tendrá que enfrentarse a una rival de mayor nivel en cuartos de final, la ucraniana Marta Kostyuk o la checa Linda Noskova. No obstante, mantenerse invicta en sets le permite avanzar con una reserva física y competitiva valiosa.
El próximo desafío exige algo más que resistencia
Los cuartos de final determinarán si la victoria ante Townsend fue el comienzo de una recuperación sólida o simplemente otro episodio de supervivencia dentro de un verano irregular. Kostyuk y Noskova representan amenazas distintas y previsiblemente elevarán el ritmo de los intercambios. Para seguir avanzando, Sabalenka necesitará reducir los tramos de desconexión, proteger mejor su servicio en los momentos comprometidos y conservar la valentía ofensiva que le permitió remontar el 1-3 del segundo set.
La clasificación mundial ofrece una presión constante, pero también un objetivo concreto. Sabalenka no controla todos los movimientos de Rybakina ni las posibilidades matemáticas de sus perseguidoras; sí controla, en cambio, su rendimiento en cada ronda. De momento, la campeona ha encontrado una vía para seguir adelante aun sin jugar de manera perfecta. El US Open le exige ahora convertir esa capacidad de reacción en autoridad sostenida. Solo así podrá defender simultáneamente la corona de Nueva York y el número uno mundial.
