Valencia Basket cerró la temporada con el título y una celebración multitudinaria en el Roig Arena. Neal Sako, tras la fiesta, resumió el logro con precisión: “Es el mejor fin de temporada que podemos esperar”. Sus palabras reflejan tanto la satisfacción por el resultado como la conciencia de que el camino recorrido exigió constancia y cohesión interna.
El jugador atribuyó el éxito a un entrenamiento sostenido durante todo el año, la seriedad profesional de cada integrante y la calidad del cuerpo técnico. Esta combinación generó un equilibrio que permitió al equipo mantener el rendimiento en las dos competiciones. La mención al vestuario unido no es retórica: sin esa solidez colectiva, los momentos de presión habrían resultado más difíciles de superar.

El punto de inflexión en enero
Sako situó el cambio de mentalidad entre enero y febrero, cuando el equipo encadenó victorias importantes en Euroliga y ACB. Esa racha consolidó la creencia de que el título era alcanzable. La derrota ante el Barça en la Copa del Rey, a pesar de la forma en que se produjo, no alteró esa convicción: el plantel sabía que tres partidos consecutivos con triples sobre la bocina eran improbables de repetir.
Exigencia diaria como motor
El papel de Pedro Martínez fue señalado como factor determinante. El entrenador exige el máximo cada día, tanto en entrenamientos como en partidos. Esa presión constante, según Sako, facilita la mejora individual y colectiva. El resultado es un equipo que, más allá del título, ha consolidado una identidad basada en trabajo sostenido y confianza mutua.
El mensaje final de Sako apunta a la afición: espera que Valencia valore el título. Más allá de la euforia momentánea, el balance de la temporada demuestra que la combinación de exigencia técnica, unidad interna y capacidad de reacción ante la adversidad constituye la base real del éxito.
