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Salvador Macip cuestiona las recetas universales sobre longevidad

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La longevidad no consiste únicamente en acumular años, sino en conservar la salud y la autonomía durante el mayor tiempo posible. Así lo plantea Salvador Macip, médico, investigador y especialista en envejecimiento, en una entrevista concedida al videopódcast Longevity de La Vanguardia. Su mensaje se distancia de las promesas rápidas que circulan en redes sociales y sitúa el debate en una cuestión más exigente: cómo alcanzar edades avanzadas con una buena calidad de vida.

Macip es investigador de la Fundación Pasqual Maragall, director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), catedrático de Medicina Molecular en esta institución y en la Universidad de Leicester, en el Reino Unido, y doctor en Genética Molecular. Desde esa doble perspectiva clínica e investigadora, advierte de que las recomendaciones relacionadas con la alimentación, el ayuno o los suplementos no pueden trasladarse de forma automática a toda la población.

Vivir más no basta si se pierden años de salud

El experto distingue entre aumentar la esperanza de vida y prolongar la llamada esperanza de vida saludable. “Lo que buscamos los científicos que trabajamos seriamente en envejecimiento no es alargar la vida porque sí”, afirma. El objetivo, añade, es lograr un envejecimiento saludable. Por eso considera que la pregunta central no es si una persona llegará a vivir 120 años, sino si podrá alcanzar los 90 o los 100 en buenas condiciones.

La diferencia tiene consecuencias prácticas. Una mayor supervivencia solo representa un avance social si se acompaña de capacidad funcional, bienestar y menor carga de enfermedad. La genética influye en el proceso de envejecimiento, pero Macip señala que el estilo de vida también desempeña un papel relevante. Una alimentación adecuada, la actividad física moderada, la reducción del estrés y unas relaciones sociales sólidas aparecen entre los hábitos asociados habitualmente con una mejor trayectoria de salud.

El ayuno intermitente no es una norma para todos

Una de las cuestiones abordadas en la conversación es el ayuno intermitente, una práctica que ha ganado popularidad como estrategia para controlar el peso o mejorar determinados parámetros metabólicos. Macip asegura que él lo practica, pero rechaza convertirlo en una recomendación general. “No recomendaría a nadie que hiciera ayuno intermitente como una norma general”, sostiene.

El investigador explica que no existe una respuesta metabólica idéntica para todas las personas. Algunas necesitan desayunar abundantemente, mientras que otras se sienten mejor sin hacerlo. En su caso, afirma que el ayuno le hace sentirse bien, pero presenta esa experiencia como una decisión individual y no como una prueba de eficacia aplicable al conjunto de la población.

La aparente contradicción entre practicarlo y no recomendarlo se resuelve, según su argumento, al distinguir entre una elección personal y una prescripción sanitaria. El hecho de que una pauta funcione para un individuo no demuestra que sea conveniente para otros con distinta edad, estado de salud, medicación, necesidades energéticas o respuesta metabólica. De ahí que Macip defienda “escuchar más a nuestro cuerpo” y abandonar la búsqueda de recetas universales.

Suplementos solo cuando existe una necesidad concreta

La entrevista también aborda el consumo creciente de suplementos nutricionales, entre ellos la creatina, las proteínas, la vitamina D y el magnesio. Estos productos se presentan con frecuencia en internet como herramientas para mejorar el rendimiento, compensar carencias o retrasar el envejecimiento. Macip establece, sin embargo, un criterio restrictivo: “Los suplementos se tendrían que tomar cuando te falta algo”.

Para determinar si existe esa carencia, recomienda acudir al médico y realizar previamente una analítica. La lógica es sencilla: sin conocer el estado real de una persona, la toma de un suplemento puede ser innecesaria y, en determinados casos, perjudicial. El especialista considera que estas sustancias deben reservarse para problemas concretos y bajo indicación profesional, no para la población general como parte automática de una rutina de salud.

Su advertencia cuestiona una de las dinámicas más extendidas en las redes sociales: convertir productos específicos en soluciones de uso masivo. La popularidad de un suplemento no permite concluir que sea útil para todos. También puede generar la impresión de que una cápsula sustituye hábitos básicos o una evaluación médica, cuando el envejecimiento saludable depende de un conjunto de factores y no de una intervención aislada.

La prevención exige más prudencia que promesas

La posición de Macip no presenta el ayuno ni los suplementos como prácticas necesariamente rechazables en cualquier circunstancia. Su planteamiento es más limitado y, al mismo tiempo, más prudente: pueden tener sentido para algunas personas, pero su conveniencia debe valorarse individualmente. La personalización, en este contexto, no significa seguir la recomendación de una figura popular, sino conocer las condiciones concretas de cada organismo.

El debate sobre longevidad se mueve así entre dos riesgos. Por un lado, la difusión de dietas milagro y soluciones alternativas puede crear expectativas que no se corresponden con la evidencia disponible. Por otro, rechazar cualquier herramienta sin atender a sus posibles usos concretos también simplifica una cuestión compleja. La intervención de Macip pone el acento en la evaluación médica, la moderación y la ausencia de garantías universales.

La idea central de su entrevista es que envejecer mejor no depende de perseguir una edad récord, sino de preservar la salud a largo plazo con decisiones sostenibles. En lugar de prometer resultados rápidos, el especialista reclama distinguir entre una experiencia personal y una recomendación científica, entre una necesidad clínica y el consumo preventivo indiscriminado, y entre vivir más años y vivirlos con una calidad aceptable.

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