El estadio de Bilbao se ha convertido en la referencia principal para la nueva Rosaleda, que las instituciones prevén inaugurar en 2032. El modelo elegido replica no solo la capacidad de 54.000 espectadores, sino también el doble perímetro de seguridad, la integración urbana y la multifuncionalidad que permite acoger finales europeas, conciertos y congresos.

La elección responde a criterios objetivos: el proyecto bilbaíno demostró cómo financiar una obra de 200 millones mediante consorcio público-privado y recuperar la inversión mediante cesión de suelo y licencias. Málaga estudia replicar esa estructura en los terrenos de la UMA, delimitados por el bulevar Louis Pasteur y la avenida Navarro Ledesma.
Ventajas del modelo elegido
San Mamés destaca por su baja huella ambiental, fachada reactiva a la luz nocturna y conexión total con metro, tranvía y autobuses. Estos elementos reducen el impacto del tráfico en días de partido y generan ingresos adicionales a través de palcos VIP y espacios para eventos, algo que Málaga necesita para equilibrar las cuentas del nuevo estadio.
El diseño prioriza también la atmósfera sonora y la protección climática, factores que elevaron la experiencia del espectador en Bilbao. Aplicarlos en Málaga permitiría un estadio que funcione como equipamiento urbano permanente, más allá de los 90 minutos de partido.
Aunque el proyecto malagueño sigue en fase embrionaria, la decisión de ubicarlo junto a la Universidad marca un enfoque claro: combinar deporte, investigación y transporte público para crear un nuevo polo de actividad en la ciudad.
