Lionel Scaloni llegó al cargo en 2018 tras el fracaso argentino en Rusia. En ese momento la selección mostraba fracturas internas y carecía de un plan colectivo claro. Ocho años después, el técnico nacido en Pujato se encuentra a un paso de igualar la hazaña de Vittorio Pozzo, único entrenador que ganó dos Copas del Mundo con la misma selección. La posibilidad de repetir título en la final del domingo situaría a Scaloni como el primer estratega en lograrlo en la era moderna del fútbol.
La construcción silenciosa del ciclo actual
Scaloni heredó un grupo desmoralizado y supo recomponerlo sin recurrir a grandes nombres del mercado europeo. Apostó por un bloque compacto que prioriza el orden defensivo y la transición rápida. Esa elección permitió que Messi encontrara espacios sin cargar todo el peso ofensivo. El resultado ha sido una selección más predecible en sus patrones de juego y menos dependiente de la inspiración individual.
Los datos de los últimos tres torneos muestran que Argentina promedia menos posesión que en el ciclo anterior, pero genera más remates desde fuera del área y concede menos ocasiones claras. Este cambio de modelo explica por qué el equipo ha mantenido su rendimiento incluso cuando Messi ha tenido días irregulares.
Por qué repetir título resulta más exigente hoy
Los ciclos exitosos de Italia entre 1934 y 1938 o de Brasil entre 1958 y 1962 se desarrollaron en un contexto de menor globalización del talento. Hoy las selecciones europeas y sudamericanas cuentan con plantillas más homogéneas y con datos analíticos que reducen las ventajas tácticas de cualquier entrenador. Scaloni ha compensado esa dificultad manteniendo un núcleo de jugadores que comparten club o estilo de juego durante largos periodos.

El caso de Didier Deschamps ilustra la dificultad actual: ganó en 2018 y llegó a la final de 2022, pero no pudo repetir. La presión mediática y las lesiones de jugadores clave suelen erosionar la continuidad que requiere un segundo título. Scaloni ha sorteado ese riesgo hasta ahora gracias a una gestión discreta de los egos y a una rotación controlada que ha preservado la frescura física del plantel.
Perspectivas de los distintos actores involucrados
Los dirigentes de la AFA ven en Scaloni una garantía de estabilidad institucional tras años de conflictos. Los jugadores destacan su capacidad para escuchar y delegar funciones dentro del campo. En cambio, algunos analistas europeos cuestionan si el éxito depende excesivamente de la presencia de Messi y si el modelo sobrevivirá a su retirada. Esta tensión entre admiración y escepticismo marca el debate actual sobre el verdadero alcance del trabajo del técnico argentino.
Desde la óptica de otras selecciones, el caso Scaloni sirve de referencia para entrenadores que asumen equipos en crisis. Su trayectoria demuestra que un periodo de reconstrucción de dos años puede bastar para alcanzar la cima si se prioriza la cohesión grupal sobre el talento individual.
Riesgos de proyectar el éxito hacia el futuro
El principal riesgo radica en la expectativa generada. Una derrota en la final podría acelerar el fin del ciclo y dificultar la transición hacia un nuevo proyecto sin Messi. Además, la presión por mantener el nivel competitivo en las eliminatorias siguientes podría forzar cambios prematuros en el cuerpo técnico. La experiencia de Brasil tras el bicampeonato de 1958-1962 muestra que la renovación generacional no siempre ocurre de forma ordenada cuando el éxito previo ha sido tan abrumador.
Otro factor a considerar es la evolución del reglamento y la tecnología arbitral. Decisiones como el VAR o los cambios de formato en torneos futuros pueden alterar las dinámicas que Scaloni domina actualmente. Adaptarse a esas variables requerirá flexibilidad táctica que hasta ahora no ha sido puesta a prueba en la misma medida.
Finalmente, la salud física del plantel y la capacidad de renovar piezas clave sin perder identidad colectiva determinarán si el logro de Scaloni se queda en anécdota histórica o marca un nuevo estándar para las selecciones nacionales.
