Hace cuatro años, tras el título en Doha, se preveía un Messi secundario en 2026. Sin embargo, el delantero llega a la final contra España con ocho goles y asistencias récord, desmintiendo cualquier idea de retiro protocolar. Empezó con un hat-trick ante Argelia, sumó doblete contra Austria y continuó anotando en fases eliminatorias, repartiendo además doce asistencias que han decidido partidos clave.

El psicólogo Fabián Jalife, autor de El método Scaloni, explica que este rendimiento no responde solo al talento físico. Scaloni tardó ocho años en construir un entorno basado en exigencia y confianza mutua, no en gratitud hacia una gloria en retirada. Los jugadores jóvenes quitaron a Messi del pedestal de único responsable y lo integraron como compañero, aliviando la carga que antes recaía sobre sus hombros.
Confianza como método
Esta dinámica permite que Messi decida con libertad en cada partido. Ya no arrastra la deuda de un título pendiente; llega a la final porque aún quiere ganar. El equipo se apropió de su sueño y lo sostiene, repitiendo el gesto solidario de Qatar pero con roles repartidos. El resultado es un jugador que rinde sin el peso de un país entero y un plantel que transforma la ilusión individual en objetivo colectivo.
