El Barça Femenino sigue afinando su nuevo curso en Andorra, donde permanecerá concentrado hasta el lunes 10 de agosto bajo la dirección de Pere Romeu. En una expedición de 21 futbolistas encabezada por Aitana Bonmatí y con presencia de todos los fichajes, el foco deportivo se ha desplazado hacia la construcción del centro del campo, un sector en el que no se esperan incorporaciones y en el que el club confía en las piezas ya disponibles para sostener el nivel competitivo del equipo.
La planificación azulgrana se apoya en varios movimientos ya cerrados. Tyler McCamey, Renee van Asten, Martina Fernández y Kerolin Nicoli trabajan desde estos días a las órdenes del cuerpo técnico, mientras la dirección deportiva aún busca una lateral para cubrir la salida de Ona Batlle. El nuevo proyecto también contempla relevos parciales en otras líneas: Martina y Renee apuntan a dar profundidad defensiva tras las salidas de Mapi León, y Kerolin aparece como una opción versátil para acompañar la transición ofensiva tras la marcha de Salma Paralluelo.

En ese contexto, el caso de Sydney Schertenleib adquiere una lectura particular. Con 19 años y contrato en vigor hasta el final de la temporada 2026-27, la centrocampista suiza llega a la etapa en la que debe traducir su progresión en un papel más estable. El club la incorporó en 2024 dentro de su política de fichar talento joven para pulirlo en el primer equipo, y su evolución confirma que aquella apuesta no fue simbólica: primero destacó en el filial de Primera RFEF y, poco después, se abrió paso en la dinámica principal con solo 17 años.
Su irrupción tuvo un rasgo que la distinguió pronto. Schertenleib sorprendió por su golpeo desde media y larga distancia, una virtud que ya quedó registrada en la Champions League con un tanto al Wolfsburgo en la victoria por 1-4. En su primera temporada como azulgrana firmó dos goles y tres asistencias en 22 partidos, la mayoría saliendo desde el banquillo, un perfil de recurso que el Barça supo explotar en partidos cerrados o en fases de encuentro más abiertas.
El curso 2025-26 amplió su presencia en Liga F, aunque no alteró del todo su papel en la Champions, donde ha seguido entrando en la mayoría de ocasiones como revulsivo. En la última edición de la competición continental participó en ocho encuentros y apenas acumuló 111 minutos, con semifinales y final seguidas íntegramente desde el banquillo. Pese a ello, su peso total creció de forma clara: 42 partidos, 23 de ellos como titular, ocho goles y cuatro asistencias.
La lectura deportiva es evidente. En una plantilla donde Aitana Bonmatí, Patri Guijarro y la propia Alexia Putellas concentran buena parte de la jerarquía creativa, la posibilidad de que Schertenleib gane minutos en 2026-27 responde tanto a su talento como a la necesidad de repartir esfuerzos en una temporada larga y exigente. Romeu no plantea una sustitución directa de Putellas, cuya influencia sigue siendo insustituible, pero sí cuenta con perfiles capaces de asumir tramos del juego con más protagonismo y menos dependencia de los nombres fijos.
La propia Schertenleib ha asumido ese reto con prudencia y ambición. En declaraciones a los medios del club, dejó claro que quiere jugar más, especialmente en los partidos grandes y de Champions, aunque insistió en que su prioridad es mejorar cada día. Su mensaje encaja con el escenario actual del Barça: un equipo que mantiene el listón de exigencia en pleno relevo generacional parcial y que necesita que algunas jóvenes de alto nivel consoliden pronto lo que hasta ahora han insinuado. La volante suiza llega a esta temporada con argumentos para dejar de ser promesa de rotación y empezar a discutir una plaza de mayor responsabilidad.
