Tras la eliminación de Francia en semifinales del Mundial 2026, la senadora paraguaya Celeste Amarilla llegó al Congreso con atuendo rojo y amarillo para festejar la derrota del equipo de Kylian Mbappé. La legisladora calificó el resultado como “karma” y explicó que su vestimenta rendía homenaje a España, a quien llamó “Madre Patria”. El gesto se produce semanas después de que Amarilla publicara mensajes racistas contra el delantero francés, lo que generó un comunicado oficial de rechazo del gobierno paraguayo.

Mbappé respondió directamente en redes: calificó a Amarilla de “despreciable” e indigna de su cargo, y aclaró que ella no representa al Paraguay. El intercambio expone cómo tensiones deportivas pueden escalar rápidamente a confrontaciones políticas y raciales que trascienden el campo de juego. La senadora minimizó las críticas afirmando que sus palabras buscaban defender a los jugadores paraguayos, aunque el repudio internacional persiste y cuestiona la capacidad de las instituciones paraguayas para contener discursos de odio en cargos públicos.
Impacto en la imagen del país
El episodio revela la fragilidad de la diplomacia deportiva cuando figuras electas utilizan plataformas personales para atacar a deportistas de otros países. Paraguay, que había mostrado pasión y respeto durante la competencia, ahora enfrenta el desafío de separar las acciones individuales de su representación colectiva. La respuesta de Mbappé, mesurada pero firme, marcó un límite claro contra la propagación de racismo en el ámbito internacional.
