Fin de la rotación
El Sevilla vuelve a intentar algo elemental y, por eso mismo, difícil: empezar y acabar la temporada con el mismo entrenador. La continuidad de Luis García Plaza apunta a romper una racha que ya suma cinco cursos sin cerrar un proyecto desde el banquillo. En Nervión, la estabilidad se ha convertido en una excepción y cada cambio ha respondido más a urgencias que a planificación.
Desde la 21/22, el club ha encadenado ocho técnicos y una secuencia de decisiones que han ido desde el desgaste de Lopetegui hasta apuestas fallidas, rescates de emergencia y salvaciones agónicas. La experiencia reciente deja una conclusión clara: el problema no ha sido solo elegir mal, sino mantener una línea deportiva coherente. Si esta vez se sostiene al entrenador, el Sevilla no solo frenará la inercia de improvisación; también intentará reconstruir una autoridad institucional que lleva años debilitada.

La apuesta llega con una lectura de fondo: en Sevilla, el banquillo ha sido el síntoma más visible de una crisis de gestión. Mantener a Luis García Plaza sería menos una concesión que una decisión estructural, la primera en mucho tiempo que prioriza la continuidad sobre la reacción.
