La trayectoria de Silvina Pérez, conocida como Chila, se inscribe en un contexto histórico particular del deporte mendocino. Desde la década de 1990, la provincia experimentó un crecimiento sostenido de prácticas atléticas vinculadas al entorno natural, impulsado por la geografía andina y la tradición de clubes como el Mendoza. Pérez comenzó su vínculo con el deporte en la infancia, alternando tenis y carreras informales, pero fue la maternidad temprana y las dificultades médicas de su hijo lo que redefinió su relación con la actividad física. Estos elementos conforman un trasfondo que va más allá de la anécdota personal y revela cómo ciertas trayectorias individuales reflejan transformaciones colectivas en la manera de concebir el esfuerzo físico como herramienta de afrontamiento.
El caso de Pérez ilustra un patrón recurrente en deportistas de resistencia latinoamericanos: la conversión de crisis familiares en motor de superación. Cuando su hijo menor enfrentó una cirugía cardíaca compleja a los 23 días de vida, la necesidad de mantener estabilidad emocional derivó en una práctica sistemática de carrera. Estudios sobre psicología del deporte, como los realizados en poblaciones que enfrentan enfermedades crónicas infantiles, muestran que la actividad aeróbica prolongada reduce niveles de cortisol y favorece la regulación emocional. En este sentido, el relato de Pérez no es aislado; comparte similitudes con casos documentados en ultramaratonistas de Chile y España que también recurrieron al trail tras diagnósticos familiares graves.

El impacto inmediato de estas experiencias se observa en la consolidación de grupos de entrenamiento femenino en Mendoza. La iniciativa Chilates, impulsada por Pérez, reúne a mujeres que combinan preparación física con contención emocional. Este modelo ha generado un efecto multiplicador: participantes reportan mejoras en adherencia a rutinas deportivas y reducción de síntomas de ansiedad, según testimonios recogidos en eventos locales. A nivel regional, la existencia de tales comunidades altera la dinámica tradicional del trail running, históricamente dominado por hombres, y contribuye a una mayor visibilidad de atletas femeninas en competencias internacionales como la PTL en Europa.
Desde una perspectiva social más amplia, la historia de Pérez incide en el debate sobre el rol del deporte en políticas de salud mental. En Argentina, donde los recursos de atención psicológica siguen siendo limitados en zonas no urbanas, experiencias como la suya demuestran que la práctica estructurada de ultradistancia puede funcionar como complemento accesible. Datos del Ministerio de Salud de la Nación indican un aumento del 18 % en consultas por estrés postraumático entre madres de niños con patologías cardíacas entre 2015 y 2023; programas comunitarios de carrera podrían mitigar parte de esa carga si se integraran a estrategias preventivas.
El efecto sobre las nuevas generaciones constituye otro plano relevante. Los hijos de Pérez, ya adultos, participan activamente en su entorno deportivo, transmitiendo valores de perseverancia y escucha corporal. Este tipo de transmisión intergeneracional modifica patrones culturales en familias con antecedentes de enfermedad grave, donde el miedo suele predominar. Observaciones en cohortes similares en el sur de Brasil revelan que hijos de atletas de resistencia presentan mayor disposición a asumir desafíos académicos y profesionales, lo que sugiere un impacto que trasciende el ámbito deportivo.
Expansión del trail running femenino en los Andes
La participación de mujeres en ultramaratones andinos ha crecido de manera sostenida desde 2015. Eventos como la Ultra Fiord o competencias locales en Mendoza registran incrementos superiores al 40 % en inscripciones femeninas. La visibilidad de figuras como Pérez acelera este proceso al ofrecer modelos concretos de gestión de fatiga extrema y conciliación con responsabilidades familiares. Sin embargo, persisten desafíos estructurales: la falta de infraestructura de apoyo en zonas de alta montaña y la escasa cobertura mediática de categorías femeninas limitan el alcance de estos avances.
Implicancias para la formación de comunidades deportivas
Chilates funciona como laboratorio informal de cohesión social. La combinación de entrenamiento físico y diálogo grupal genera redes de apoyo que se extienden más allá de las sesiones de carrera. Investigaciones sobre capital social en contextos deportivos indican que este tipo de agrupaciones reduce el aislamiento en mujeres de mediana edad, especialmente aquellas con antecedentes de estrés parental intenso. El modelo podría replicarse en otras provincias argentinas con características geográficas similares, aunque requiere adaptación a realidades económicas y de acceso a equipamiento técnico.
A largo plazo, la consolidación de estas prácticas influye en la percepción pública del deporte de resistencia. En lugar de asociarlo exclusivamente con logros competitivos, se lo vincula cada vez más con procesos de sanación y desarrollo personal. Esta resignificación puede modificar políticas de promoción deportiva en gobiernos provinciales, orientándolas hacia objetivos de bienestar colectivo en lugar de resultados puramente cuantitativos. El caso de Mendoza, con su tradición montañosa y su red de clubes locales, ofrece un terreno fértil para observar cómo trayectorias individuales como la de Silvina Pérez catalizan cambios estructurales en el ecosistema deportivo regional.
