Pedro Sánchez ha convertido la celebración del segundo Mundial de España en el punto de partida para un nuevo objetivo: la Copa del Mundo de 2030 que el país coorganizará. Durante la recepción oficial en La Moncloa, el presidente del Gobierno instó a la selección y al país a aspirar al título en casa, con la frase que definió su intervención: “Son dos de dos, ¿y por qué no soñar con que no hay dos sin tres?”.

El mensaje trasciende la mera retórica festiva. Al vincular el éxito reciente con la condición de anfitrión dentro de cuatro años, Sánchez establece un horizonte temporal concreto que permite planificar el relevo generacional y el apoyo institucional necesario. La referencia a Luis Aragonés y su máxima “las finales no se juegan, sino que se ganan” refuerza la idea de que el triunfo ante Argentina no fue azar, sino resultado de una mentalidad que ahora se proyecta hacia el futuro.
El reconocimiento al trabajo de la Federación y al atractivo del equipo para públicos diversos añade una capa de legitimidad social al proyecto 2030. España ya cuenta con el respaldo institucional y el capital deportivo; el siguiente paso exige mantener la exigencia competitiva y la cohesión del grupo para convertir el “no hay dos sin tres” en realidad sobre el terreno de juego propio.
