Iga Swiatek dio un paso importante en el Masters 1000 de Canadá al derrotar a Marta Kostyuk por 3-6, 6-1 y 6-2 y sellar su pase a los cuartos de final en Toronto. El triunfo tuvo valor competitivo y también simbólico: la polaca se quitó de encima a la rival que la había eliminado en Roland Garros y reforzó su candidatura en un torneo en el que busca recuperar sensaciones y continuidad en el tramo decisivo de la temporada.
La victoria llegó después de un inicio incómodo para la número ocho del mundo. Kostyuk se adueñó del primer parcial con un juego más firme y aprovechó las dudas de Swiatek, que apenas consiguió sumar un punto con su saque en ese set inicial. El planteamiento de la ucraniana funcionó durante una parte del encuentro y amenazó con prolongar la racha irregular de la polaca ante rivales de primer nivel.

Respuesta de campeona
A partir del segundo set, Swiatek corrigió su prestación al servicio, subió su porcentaje de primeros saques hasta el 68% y empezó a imponer la velocidad de fondo que mejor define su tenis. Esa mejoría le permitió encadenar cuatro roturas entre la segunda y la tercera manga, suficiente para darle la vuelta al marcador y cerrar una remontada que confirmó su capacidad de ajuste dentro del partido.
No se trató solo de una reacción emocional. El cambio tuvo una base técnica clara: más regularidad en el saque, menos margen para que Kostyuk dictara con la derecha y una gestión más limpia de los puntos largos. En una temporada que hasta ahora ha sido irregular para la jugadora polaca, ese tipo de respuesta pesa tanto como el resultado, porque revela que todavía conserva recursos para competir cuando el partido se tuerce.
Un curso desigual, pero con señales
El encuentro también encaja en el momento general de Swiatek, que trabaja desde abril con Francis Roig y acumula 26 victorias en lo que va de año, una cifra modesta para una tenista acostumbrada a dominar el circuito. Toronto ya es su segundo mejor resultado de la temporada en un torneo de esta categoría, por detrás de Roma, donde alcanzó las semifinales. Esa progresión no cambia la fotografía completa del año, pero sí indica que su nivel empieza a sostenerse en escenarios de exigencia alta.
En términos competitivos, la clasificación tiene otra lectura relevante: Swiatek puso fin a una secuencia de siete derrotas consecutivas frente a rivales del top 20 en partidos a tres sets. Romper esa tendencia importa porque le devuelve margen psicológico en tramos cerrados, precisamente el terreno donde una jugadora de su jerarquía suele imponer diferencias. En Toronto, además, lo hizo ante una campeona de Masters 1000, lo que añade valor al triunfo.
Su próxima adversaria saldrá del duelo entre Jessica Pegula y Diane Shnaider, un cruce que puede ofrecerle un examen distinto en ritmo y patrones de juego. Con el pase ya asegurado, Swiatek llega a la parte final del torneo con una base más sólida que en semanas anteriores: sufrió al inicio, corrigió sobre la marcha y salió adelante en tres sets, una secuencia que explica mejor que cualquier cifra por qué Toronto puede convertirse en un punto de inflexión de su campaña.
