Alejandro Tabilo avanzó por primera vez a la tercera ronda del US Open tras imponerse al australiano Alexei Popyrin en un partido exigente, marcado por la tensión inicial y por dos tie-breaks que terminaron inclinando la balanza. El chileno, ubicado en el puesto 28 del ranking ATP, no solo celebró el resultado: destacó la forma en que logró reconstruir su juego después de un comienzo adverso.
La victoria tiene un valor particular porque llegó ante un rival capaz de sostener una alta presión con el servicio. Tabilo reconoció que Popyrin “sacó increíble” en el inicio y que esa eficacia lo llevó a sentir una responsabilidad adicional en sus propios turnos. En partidos de márgenes estrechos, esa clase de escenario suele definir el ritmo: quien no encuentra seguridad con el saque queda obligado a defender bajo una carga constante.

El cambio no estuvo solo en el marcador
La respuesta de Tabilo fue táctica antes que impulsiva. Tras ceder el primer set, explicó que buscó empezar los puntos algo más atrás, modificar las direcciones del saque de Popyrin y alternar entradas y salidas de la pista. La intención era incomodar al australiano y evitar que el encuentro siguiera desarrollándose únicamente en los términos de su rival.
Ese ajuste revela una lectura relevante: frente a un sacador dominante, esperar pasivamente suele ampliar la diferencia; introducir variaciones, en cambio, puede afectar la comodidad del adversario aunque no produzca quiebres inmediatos. Tabilo logró reducir esa sensación de control de Popyrin y, al mismo tiempo, concentrarse en el aspecto que consideraba decisivo para su propio rendimiento: recuperar la calidad de su servicio.
Cuando el chileno encontró mayor regularidad al saque, el partido cambió de eje. Ya no necesitó sobrevivir a cada juego de servicio, sino que pudo competir desde una posición de mayor equilibrio. Esa transformación le permitió llegar a los tie-breaks con otra disposición mental y técnica, un detalle fundamental porque esos desempates concentran toda la presión de un set en pocos puntos.
Dos tie-breaks jugados con iniciativa
Tabilo describió esos momentos como pasajes en los que actuó “muy confiado, muy agresivo”. La frase resume uno de los factores centrales de su triunfo. En vez de limitarse a esperar errores en puntos que podían caer para cualquiera de los dos lados, asumió la iniciativa. La agresividad, en ese contexto, no implicó apresuramiento: fue la consecuencia de haber recuperado confianza en su saque y en sus patrones de juego.
Ganar dos tie-breaks ante un rival de servicio potente ofrece una señal competitiva concreta. Significa que el jugador fue capaz de sostener la calidad de ejecución cuando la puntuación se volvió más sensible. Para Tabilo, el avance no depende únicamente de haber resistido un duelo duro, sino de haber identificado un mecanismo para resolverlo: ajustar la devolución, consolidar el saque y atacar los instantes de máxima tensión.
La condición física amplía sus posibilidades
El chileno también vinculó su actuación con el trabajo físico realizado durante la temporada. Aseguró sentirse “increíble” en ese plano y remarcó la capacidad de mantenerse corriendo durante todo el partido, incluso después de haber enfrentado calambres. Esa observación adquiere peso en un Grand Slam, donde la exigencia no se limita a un encuentro: la recuperación entre rondas y la resistencia acumulada condicionan la capacidad de sostener una campaña profunda.
El aspecto físico, además, respalda el tipo de ajustes que Tabilo aplicó ante Popyrin. Cambiar posiciones de devolución, entrar y salir de la cancha, y sostener puntos largos requiere energía y movilidad. Por ello, su evaluación no es un comentario accesorio tras el triunfo, sino una base para entender por qué pudo mantener intensidad una vez que el partido se inclinó hacia una disputa más pareja.
Una oportunidad que exige continuidad
Tabilo señaló que sería “espectacular” enfrentar al alemán Alexander Zverev, aunque situó su objetivo inmediato en recuperarse y conservar el ritmo alcanzado. Esa cautela es coherente con el momento: llegar por primera vez a la tercera ronda del US Open supone un hito, pero también modifica la exigencia. Desde ahora, cada rival eleva el costo de las concesiones y obliga a repetir, no solo a mostrar, las virtudes que explicaron el avance.
La principal lectura de su triunfo es que Tabilo encontró una ruta competitiva bajo presión. No se trató de una reacción aislada después de un mal comienzo, sino de una secuencia reconocible: detectar el problema, alterar la dinámica, reforzar su mejor herramienta y jugar con decisión los puntos decisivos. Mantener ese orden será tan importante como el nombre del próximo adversario para transformar esta tercera ronda inédita en una actuación de mayor alcance en Nueva York.
