La presencia de Javier Tebas en el estadio de Dallas durante la final del Mundial de 2026 no fue un acto protocolar. El presidente de LaLiga española, que ostenta también el cargo de vicepresidente en la Federación Española de Fútbol, decidió utilizar ese escenario para lanzar una de las críticas más directas contra Gianni Infantino en los últimos años. Sus palabras, recogidas por La Gazzetta dello Sport, apuntan a la necesidad de una salida inmediata del presidente de la FIFA por considerar que su gestión está erosionando las bases del fútbol profesional.
Orígenes de la confrontación institucional
La tensión entre Tebas e Infantino no surge de forma aislada. Desde la llegada de Infantino a la presidencia de la FIFA en 2016, las disputas sobre el reparto de poder entre confederaciones, ligas nacionales y el organismo rector del fútbol mundial han sido constantes. Tebas ha criticado repetidamente la ampliación de calendarios y la concentración de decisiones en Zúrich sin consultar a los actores que sostienen económicamente el deporte. El Mundial de 2026, celebrado en Estados Unidos, Canadá y México con la participación de 48 selecciones, sirvió como escenario donde estas diferencias se hicieron visibles.
El dirigente español señala que Infantino ha consolidado un sistema en el que las federaciones nacionales carecen de incentivos para oponerse a sus decisiones. La ausencia de candidatos alternativos en las elecciones de la FIFA refuerza esta estructura, según Tebas, que describe un mecanismo donde el silencio equivale a complicidad.
Decisiones arbitrales y presiones políticas durante el torneo
Durante el desarrollo del torneo, Infantino fue señalado por arbitrajes que favorecieron de manera reiterada a Argentina. Tebas vincula estos episodios con la suspensión de una expulsión al delantero estadounidense Balogun tras una intervención directa del expresidente Donald Trump. Este episodio, que Tebas califica como extremadamente grave, ilustra cómo decisiones deportivas pueden quedar subordinadas a intereses políticos del país anfitrión.
El caso Balogun no quedó aislado. La introducción de pausas de hidratación en partidos disputados en recintos con aire acondicionado, como Dallas, Los Ángeles y Atlanta, fue interpretada por el presidente de LaLiga como una medida publicitaria más que deportiva. Tebas recordó que en España estas pausas solo se aplican cuando las condiciones climáticas lo exigen, y no cuando los estadios ya cuentan con sistemas de climatización.

Impacto en el equilibrio económico de las competiciones nacionales
La ampliación del Mundial a 64 selecciones a partir de 2030, que se celebrará en España, Portugal y Marruecos, representa para Tebas una amenaza directa a las ligas domésticas. Las competiciones nacionales generan la mayor parte de los ingresos y empleos del sector, mientras que el torneo mundial concentra atención y recursos durante apenas seis semanas. Un calendario sobrecargado reduce el atractivo de las ligas locales y dificulta la planificación de clubes que dependen de torneos europeos y nacionales para su viabilidad financiera.
El precedente de la Superliga europea resulta ilustrativo. La decisión judicial que confirmó el monopolio de FIFA y UEFA otorgó a ambos organismos un poder adicional que, según Tebas, no se ha utilizado para establecer mecanismos de colaboración transparente con ligas y clubes. En cambio, se ha traducido en mayor centralización de decisiones y en propuestas que priorizan el evento global sobre la sostenibilidad del ecosistema que lo financia.
Consecuencias para la gobernanza y la transparencia del deporte
La crítica de Tebas apunta a un modelo de gobernanza donde las federaciones mantienen el control electoral sin que exista una oposición estructurada. Esta dinámica reduce la capacidad de corrección interna y aumenta el riesgo de que decisiones unilaterales afecten a jugadores, clubes y competiciones durante años. El silencio de muchos actores, que Tebas describe como consciente del daño causado, perpetúa un statu quo que beneficia a quienes controlan el organismo rector.
En el plano social, la percepción de que el fútbol responde a intereses políticos o comerciales antes que deportivos puede erosionar la confianza de aficionados y patrocinadores. Cuando una suspensión arbitral se modifica tras una llamada presidencial, el mensaje que se transmite trasciende el terreno de juego y afecta la credibilidad de las instituciones que regulan el deporte.
Escenarios futuros para el fútbol profesional
Si las tensiones actuales no derivan en cambios estructurales, el calendario internacional seguirá expandiéndose a expensas de las competiciones nacionales. Los clubes europeos, que ya enfrentan dificultades para compatibilizar Liga, Copa y torneos continentales, verán reducida su capacidad de retener talento y generar ingresos estables. Esta dinámica podría acelerar la migración de jugadores hacia mercados con calendarios menos exigentes o hacia competiciones privadas que ofrezcan mayor control sobre los horarios.
Tebas advierte que el aumento a 64 selecciones carece de justificación deportiva y responde principalmente a criterios de expansión geográfica y comercial. La experiencia de ediciones anteriores muestra que la calidad del torneo no mejora necesariamente con más participantes, mientras que el desgaste físico de los jugadores y la saturación del calendario aumentan de forma proporcional.
La posibilidad de que Infantino abandone la presidencia antes del final de su mandato depende de la capacidad de los actores críticos para articular una alternativa creíble. Hasta ahora, la falta de candidatos de oposición ha impedido cualquier desafío efectivo. Sin embargo, el malestar expresado por Tebas y otros dirigentes de ligas nacionales podría catalizar alianzas que busquen reformar los mecanismos de decisión dentro de la FIFA.
