Edin Terzic afronta con confianza el partido que medirá este sábado al Athletic Club con el Atlético de Madrid en San Mamés, a partir de las 16:15 horas. El técnico alemán compareció en Lezama con un mensaje centrado en la continuidad: el equipo rojiblanco buscará trasladar a su estadio las buenas sensaciones recientes sin alterar los principios que han marcado su trabajo. La presión alta, el juego colectivo en ataque y la concentración durante todo el encuentro aparecen como los ejes de un plan con el que el Athletic pretende sumar tres puntos de relevancia ante uno de los rivales más exigentes de la competición.
El entrenador subrayó que su plantilla no prepara el choque desde la ansiedad por el resultado ni desde una adaptación radical al adversario. “Estamos totalmente enfocados en cuáles son nuestras virtudes para ganar el partido y explotarlas lo máximo posible. Queremos hacer una gran presión y, posteriormente, jugar un juego coral en ataque. No vamos a cambiar lo que hacemos”, afirmó. La declaración sitúa el foco en una identidad reconocible: recuperar cerca del área rival, acelerar cuando el contexto lo permita y repartir responsabilidades en la fase ofensiva, en lugar de depender de acciones individuales.

San Mamés, escenario de una oportunidad relevante
Terzic calificó el encuentro como “una gran oportunidad para conseguir tres puntos importantes en casa” y expresó su deseo de celebrar el resultado con la grada. El valor del factor campo no se limita al respaldo ambiental. Para un Athletic que propone intensidad sin balón y un ritmo elevado, San Mamés puede favorecer la activación emocional del equipo y aumentar la exigencia sobre la salida de juego del contrario. Sin embargo, esa energía también requiere control: una presión desordenada puede abrir espacios entre líneas, especialmente ante un rival con capacidad para superar la primera línea de acoso.
La apuesta del preparador pasa, por tanto, por combinar agresividad y estructura. Presionar no equivale únicamente a correr hacia el poseedor, sino a coordinar distancias, cerrar líneas de pase y sostener una posición que permita reaccionar ante una pérdida. La referencia al “juego coral” responde a la misma lógica. El Athletic necesitará que la circulación, los desmarques y las llegadas desde segunda línea estén conectados para generar ventajas frente a una defensa acostumbrada a competir en partidos de alta tensión.
La victoria no altera la exigencia interna
El técnico también evitó presentar los últimos resultados como un punto de inflexión que permita rebajar el nivel de atención. Según explicó, el trabajo de las semanas anteriores ya le había transmitido señales positivas, aunque no siempre se hubieran traducido en triunfos. “Me gusta trabajar y tengo un fantástico grupo para ello”, señaló al valorar la respuesta cotidiana de sus jugadores. Para Terzic, los tres puntos obtenidos el pasado domingo han elevado el estado de ánimo, pero no modifican la obligación de mantener el método.
“Con los tres puntos del domingo la energía es aún mejor”, añadió. Esa lectura encaja con una gestión prudente de la dinámica competitiva: una victoria puede reforzar convicción y confianza, pero no garantiza por sí sola una mejora sostenida. La clave, desde la perspectiva del cuerpo técnico, está en convertir ese impulso en consistencia. El Athletic llega al duelo con la intención de confirmar que su rendimiento no depende de un resultado aislado, sino de una cultura de entrenamiento y de una respuesta colectiva estable.
Terzic destacó además la relación de trabajo con el vestuario. “Es un gran placer trabajar con este grupo. Les gusta trabajar, a mí también y es una unión perfecta”, indicó. Más allá del tono elogioso, el mensaje persigue respaldar la implicación de una plantilla que deberá asumir un partido con múltiples demandas tácticas. La coordinación defensiva, la lectura de las transiciones y la paciencia para atacar serán responsabilidades compartidas, no tareas reservadas a una sola línea del equipo.
Un Atlético alejado de la etiqueta defensiva
El análisis de Terzic sobre el Atlético de Madrid se apartó de una caracterización tradicional del conjunto dirigido por Diego Simeone. El entrenador alemán reconoció la transformación que, a su juicio, ha experimentado el equipo madrileño durante los últimos años y rechazó reducirlo a un bloque defensivo. “No creo en la narrativa de que el Atlético sea un equipo defensivo”, afirmó. La observación obliga al Athletic a preparar un partido más complejo que el de una resistencia cerrada y un ataque basado exclusivamente en transiciones.
El técnico resaltó la calidad del centro del campo atlético y su incidencia en el desarrollo de los encuentros. “Tienen mucha gente talentosa en el centro del campo que hace jugar al equipo de forma diferente con el paso de los minutos”, advirtió. Esa capacidad para variar registros puede traducirse en fases de posesión más larga, ataques por dentro, amplitud en los costados o salidas rápidas cuando el rival adelanta sus líneas. La versatilidad del Atlético exige, por ello, que el Athletic no se limite a un único mecanismo de respuesta.
La evolución señalada por Terzic no elimina una de las señas históricas del equipo de Simeone: su competitividad sin balón y su capacidad para castigar errores rivales. Ambas dimensiones pueden coexistir. El Atlético puede defender con orden, administrar momentos de dominio y disponer al mismo tiempo de futbolistas capaces de acelerar la circulación y encontrar soluciones técnicas en zonas interiores. Para el Athletic, interpretar correctamente esos cambios de fase será tan importante como imponer su propia intensidad.
Comunicación para sostener los 90 minutos
Ante ese escenario, Terzic puso el acento en el orden y en la comunicación sobre el césped. “Tendremos que estar muy comunicativos para ver las formas de juego en las que se van moviendo y reducir nuestros errores”, explicó. La consigna tiene un componente táctico directo: si el Atlético modifica alturas, posiciones o ritmos, el Athletic deberá identificarlo de forma inmediata para evitar desajustes. Una marca que llega tarde o una cobertura mal coordinada puede condicionar un partido que se prevé de márgenes reducidos.
El entrenador cerró su comparecencia con una advertencia sobre la duración de la exigencia. El Athletic no podrá relajarse “durante los 90 minutos”, remarcó. La frase resume la naturaleza del desafío: sostener el plan propio, responder a las variaciones del Atlético y aprovechar el impulso de San Mamés. El resultado dependerá de la eficacia en las áreas, pero también de la capacidad del conjunto rojiblanco para mantener concentración, comunicación y cohesión en cada fase del juego.
