Tim Payne tuvo el estreno que esperaba con Olimpia de Paraguay. El lateral neozelandés marcó un golazo en la victoria por 5-0 sobre Rubio Ñu, en un partido de la liga local, y convirtió su primera gran celebración desde su llegada al fútbol sudamericano.
Después de observar dos encuentros desde el banco, el técnico Pablo “Vitamina” Sánchez decidió enviarlo a la cancha durante el segundo tiempo. En pocos minutos, Payne respondió con una acción que combinó participación en la construcción y precisión en la definición: se asoció con Franco Alfonso y, tras recibir el balón fuera del área, sacó un derechazo cruzado que ingresó junto al palo izquierdo del arquero.

Un estreno que cambia el foco
El tanto provocó la reacción inmediata de los hinchas y de sus compañeros, que rodearon al defensor para celebrar una conquista significativa. Más allá del resultado amplio, la jugada entregó una primera señal sobre el aporte que Payne puede ofrecer: energía por la banda, capacidad para asociarse y remate desde media distancia.
Su llegada a Olimpia estuvo marcada por una exposición inusual. Payne se transformó en uno de los rostros virales del Mundial de 2026 y pasó de cerca de 5.000 seguidores en Instagram a superar los cinco millones. Esa popularidad elevó las expectativas, pero su debut goleador permite trasladar la conversación desde el fenómeno mediático hacia su rendimiento dentro de la cancha.
La actuación, sin embargo, representa apenas el primer paso. El desafío más exigente será la serie de octavos de final de la Copa Sudamericana frente a Vasco da Gama, instancia en la que Olimpia necesitará comprobar si el neozelandés puede sostener su impacto ante un rival de mayor jerarquía. El gol ante Rubio Ñu le dio confianza y respaldo, pero la competencia internacional definirá el verdadero alcance de su adaptación.
