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Tirante sacude Montreal y expone el momento argentino

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El tercer día del Masters 1000 de Canadá dejó una fotografía contradictoria para el tenis argentino: una victoria de enorme impacto, otra remontada de valor estratégico y tres eliminaciones que volvieron a exhibir la irregularidad de una generación que todavía busca consolidarse. Thiago Tirante derrotó 7-5 y 6-3 a Taylor Fritz, octavo del mundo, en una hora y 28 minutos; Mariano Navone superó al monegasco Valentin Vacherot, decimoctavo del ranking, después de perder el primer set; y Tomás Etcheverry, Sebastián Báez y Juan Manuel Cerúndolo quedaron fuera del torneo.

El resultado de Tirante no debe leerse únicamente como una sorpresa aislada. A los 25 años y ubicado en el puesto 65 de la clasificación, el platense confirmó que su nivel puede crecer de manera considerable cuando enfrenta a rivales de la elite. La victoria igualó la mejor de su carrera, obtenida en Bastad en 2024 contra Andrey Rublev, entonces también número ocho del mundo. En cuatro partidos recientes frente a jugadores del top 10, el argentino acumula tres triunfos: además de Fritz y Rublev, venció este año a Ben Shelton en Houston. La excepción fue la derrota ante Daniil Medvedev en Roma.

Una sorpresa con antecedentes concretos

La importancia del triunfo ante Fritz reside en la combinación de jerarquía y contexto. El estadounidense llegaba como uno de los principales nombres del cuadro y como un jugador especialmente peligroso en superficies rápidas, donde su primer servicio y su capacidad para acelerar con la derecha suelen reducir los intercambios. Tirante, sin embargo, logró sostener la presión, evitó que el partido se transformara en una sucesión de puntos cortos dominados por el favorito y aprovechó los momentos decisivos de cada set.

El 7-5 inicial fue determinante porque impidió que Fritz instalara una dinámica de control. Después, el argentino jugó con mayor margen y claridad, cerrando el segundo parcial 6-3 sin permitir que la reacción del estadounidense modificara el rumbo. Este tipo de triunfo puede tener un efecto directo en su calendario: una buena actuación en un Masters 1000 ofrece puntos, premios y exposición superiores a los de muchos torneos menores. Para un jugador situado fuera de los primeros 50, avanzar en Montreal puede acercarlo a cuadros principales más importantes y reducir la dependencia de las rondas clasificatorias.

La clave, no obstante, será transformar el impacto puntual en regularidad. Tirante ya había demostrado que puede derrotar a figuras de primer nivel, pero el salto competitivo exige sostener ese rendimiento contra rivales de ranking similar o inferior. En el circuito, vencer a un top 10 puede abrir una semana excepcional; encadenar resultados ante distintos perfiles es lo que modifica una carrera. El argentino tiene ahora la oportunidad de convertir Montreal en una plataforma, no solo en el escenario de la mejor noticia de la jornada.

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Navone y la confirmación de otra ruta

Mariano Navone aportó la segunda señal positiva. El jugador de 9 de Julio, 44° del mundo, remontó ante Vacherot por 1-6, 6-3 y 6-3 y sumó su tercer triunfo de la temporada contra un integrante del top 20. No se trató de una victoria sencilla ni lineal: después de un primer set ampliamente desfavorable, logró modificar el ritmo, prolongar los puntos y obligar al monegasco a jugar bajo una presión distinta.

El éxito tiene además continuidad con su debut, en el que derrotó en tres sets a Matteo Berrettini, ex número seis del ranking. Aquel encuentro había sido suspendido por lluvia y se completó el lunes con nuevas interrupciones. Las condiciones meteorológicas fueron un factor transversal en las primeras jornadas del torneo, con partidos postergados y una organización obligada a reordenar constantemente el programa. En ese escenario, Navone mostró una capacidad de adaptación que también forma parte del valor competitivo de su avance.

Su próximo rival será el francés Arthur Fils, decimoctavo cabeza de serie, vencedor del estadounidense Zachary Svajda. Fils representa un desafío distinto: juventud, potencia y capacidad para tomar la iniciativa, pero también un nivel de exigencia que permitirá medir si Navone puede sostener su remontada frente a un jugador con recursos para atacar desde el comienzo. La secuencia Berrettini-Vacherot-Fils puede ser más reveladora que una victoria individual, porque obliga al argentino a responder a estilos y exigencias diferentes en pocos días.

El contraste que dejan las eliminaciones

La derrota de Etcheverry fue la más preocupante por la dimensión de su crisis reciente. El número 30 del mundo cayó 6-4 y 6-2 ante Nuno Borges, 55°, y todavía no logró ganar un partido en la gira de canchas duras previa al US Open. La caída también amplió una estadística incómoda: fue la cuarta derrota consecutiva frente al portugués, todas durante 2026. Borges ya lo había vencido en Auckland, Barcelona y Roland Garros; las tres últimas veces, además, sin ceder un set.

El problema no es únicamente el historial desfavorable contra un rival específico. Desde el comienzo del Masters 1000 de Roma, el 4 de mayo, Etcheverry registra apenas tres victorias y diez derrotas. Su eliminación en el debut del ATP 500 de Washington, contra Brandon Nakashima, había anticipado una gira difícil. En un jugador que llegó a ocupar un lugar destacado dentro de la nueva camada argentina, esta tendencia obliga a revisar aspectos técnicos y competitivos: eficacia con el servicio, capacidad para ganar puntos cortos y respuesta emocional cuando el plan inicial no funciona.

El calendario ofrece poco tiempo para corregir. La gira sobre canchas duras conduce al US Open, uno de los cuatro torneos que más puntos y visibilidad distribuyen durante la temporada. Un mal tramo previo no determina necesariamente el resultado en Nueva York, pero sí puede afectar la confianza, el sorteo y la posición de los jugadores. Etcheverry necesita recuperar victorias antes de que la secuencia negativa se convierta en una referencia permanente para sus rivales.

Sebastián Báez, 48°, comenzó mejor frente al belga Zizou Bergs, 34°, pero terminó perdiendo 3-6, 6-3 y 6-2. El encuentro vuelve a describir una temporada sin continuidad: momentos de buen nivel seguidos por caídas pronunciadas y dificultad para sostener la intensidad durante tres sets. En las superficies rápidas, donde los turnos de servicio tienen mayor peso, la caída de rendimiento puede ser más costosa. Ganar el primer set ya no alcanza si el jugador no conserva profundidad y precisión cuando el adversario modifica el plan.

Juan Manuel Cerúndolo tuvo una tarea todavía más compleja ante Casper Ruud. El noruego, decimocuarto del mundo, se impuso en apenas 59 minutos y no cedió puntos de quiebre. Su rendimiento con el primer servicio, con 82 por ciento de puntos ganados en esa situación, le permitió controlar el partido desde el inicio. Cerúndolo, que había vencido a Hamad Medjedovic en la primera ronda, nunca logró incomodarlo. Su torneo aún podía mantener una presencia argentina con el partido de Francisco Cerúndolo ante Alex Michelsen, 42° del ranking, en el cierre de la jornada.

Más allá de Montreal, una generación en transición

La jornada canadiense refleja un proceso más amplio del tenis argentino. El país conserva una representación numerosa en los cuadros principales, pero sus jugadores atraviesan momentos muy diferentes y todavía no aparece una figura capaz de ocupar de manera estable el espacio que dejaron los grandes referentes de la década anterior. La profundidad existe: Tirante, Navone, Etcheverry, Báez y los hermanos Cerúndolo tienen ranking y experiencia para competir en torneos grandes. Lo que falta es convertir esa presencia colectiva en una secuencia sostenida de títulos, cuartos de final y actuaciones relevantes.

Los resultados también muestran que el ranking por sí solo no explica la forma actual de cada jugador. Etcheverry está por encima de Tirante y Navone, pero llegó a Montreal con una dinámica negativa; Tirante, ubicado más atrás, logró el triunfo de mayor impacto; Navone, desde el puesto 44, sumó una remontada ante un top 20. Esta movilidad es característica del circuito contemporáneo, donde una diferencia de pocos partidos puede modificar decenas de posiciones. Para los argentinos, cada Masters 1000 se vuelve una oportunidad de ascenso, pero también un examen de consistencia.

La eliminación previa de Román Burruchaga y Camilo Ugo Carabelli, en un torneo afectado por la lluvia, completa un panorama de oportunidades perdidas y señales alentadoras. El desarrollo de esta camada dependerá menos de un resultado aislado que de la capacidad de sus equipos para identificar qué patrones se repiten. Las derrotas de Báez y Etcheverry, por ejemplo, sugieren problemas de continuidad; la victoria de Tirante muestra que la preparación puede producir picos competitivos contra rivales superiores; Navone aporta una evidencia de resiliencia en partidos largos y cambiantes.

El contexto internacional acelera la competencia

La victoria de João Fonseca sobre Stefanos Tsitsipas añadió otra dimensión a la jornada. El brasileño, de 19 años y 27° del mundo, venció 7-6 (7-3) y 7-5 a un ex número tres que debió atravesar la clasificación y todavía busca recuperar su mejor nivel. El contraste es significativo: mientras una nueva generación sudamericana gana espacio con rapidez, figuras consolidadas enfrentan la dificultad de sostener su posición. Para Argentina, el ascenso de Fonseca incrementa la competencia regional y demuestra que el recambio no se limita a un solo país.

Ese escenario plantea una exigencia de largo plazo. La formación de jugadores competitivos ya no puede concentrarse solamente en producir especialistas de polvo de ladrillo. La temporada norteamericana exige adaptación a canchas duras, servicios eficaces, transiciones rápidas y resistencia física para afrontar calendarios comprimidos por la lluvia o las suspensiones. Montreal mostró que los argentinos tienen recursos para competir en ese ambiente, pero también que el margen entre una actuación destacada y una eliminación contundente es muy estrecho.

El impacto de Tirante y Navone, por lo tanto, será medido en las próximas rondas y en los torneos que siguen, no únicamente en el entusiasmo de una jornada. Si ambos consiguen avanzar, el tenis argentino podrá convertir una fecha agridulce en un impulso colectivo antes del US Open. Si las victorias quedan aisladas, Montreal funcionará como otro recordatorio de una realidad más exigente: el talento está presente, pero la consolidación internacional depende de sostenerlo semana tras semana.

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