Tita Llorens completó la Travesía Internacional del Lago de Zúrich en tercera posición general, cubriendo 27 kilómetros en 9 horas y 24 minutos bajo condiciones meteorológicas adversas. La nadadora de Ciutadella enfrentó tormentas de lluvia, truenos y vientos en contra durante cinco kilómetros clave, lo que complicó su avance desde el inicio en el poblado de salida.

El resultado representa su mejor clasificación en esta prueba por quinta vez, aunque el tiempo empeoró respecto a los 8 horas y 53 minutos del año anterior. Llorens atribuye la diferencia a un ritmo conservador motivado por el temor a no llegar al final, una estrategia que, según ella misma reconoce, genera fatiga acumulada y reduce el rendimiento final. Esta autocrítica revela cómo su experiencia en aguas abiertas condiciona decisiones tácticas incluso en competiciones sin medusas.
El agua dulce añade otra variable: menor flotabilidad que exige mayor esfuerzo físico constante, compensado con entrenamientos en piscina. La ausencia de factores nerviosos permite comer durante la travesía, pero no evita el impacto de los elementos externos. El análisis de Llorens muestra que el éxito en estas pruebas depende tanto de la preparación como de la gestión mental del ritmo, un equilibrio que sigue ajustando en cada edición.
