Los torneos de verano españoles, especialmente el Teresa Herrera, el Carranza y el Colombino, funcionaron durante décadas como espacios de observación directa donde clubes locales identificaban talento sudamericano y europeo. Creados entre 1945 y 1965, estos certámenes permitieron ver en acción a Pelé, Garrincha, Cruyff, Eusebio y Di Stéfano, y registraron el paso de 82 campeones del mundo solo en el trofeo coruñés.

El Carranza destacó por su eficacia como vivero: Romario fue fichado por el Barcelona tras jugar con el PSV en 1992, mientras que el Atlético de Madrid captó a Dirceu, Donato y Moacir tras sus participaciones gaditanas. El Valencia incorporó a Bossio y Mazinho, y el Zaragoza a Ronaldao y Hélder Postiga, todos tras observaciones en estos torneos. La edición de 1974, con el duelo único entre Pelé y Cruyff, ilustra el nivel que alcanzaron estas competiciones.
A partir de los años noventa, las pretemporadas en el extranjero, las giras comerciales y la International Champions Cup desplazaron el interés. Aunque económicamente menos rentables, aquellos torneos de verano aportaron un mecanismo de scouting directo y de bajo coste que influyó de forma duradera en la composición de las plantillas españolas.
