Manuel Hurtado afronta su octava temporada como entrenador sin abandonar la rutina que marcó su etapa competitiva: continúa entrenándose todos los días y trabaja con atletas de la Sociedad Gimnástica de Pontevedra, ciudad en la que reside y donde también ejerce como profesor. El lucense, retirado de la competición, ve con optimismo la evolución del atletismo en Lugo, aunque reclama más recursos técnicos y económicos para sostener el crecimiento de la base y facilitar el trabajo de los entrenadores.
Para Hurtado, la carrera como técnico todavía es más corta que la de atleta, por lo que considera que sigue siendo más reconocido por sus años de competición. Sin embargo, explica que su formación como entrenador comenzó antes de retirarse, cuando compatibilizó su trayectoria deportiva con los cursos necesarios para ejercer. El vínculo con las pistas se mantiene también en el día a día: durante el verano, afirma, no ha faltado a ningún entrenamiento.

De los Franciscanos a Madrid
Su recorrido en el atletismo empezó a los ocho años en los Franciscanos de Lugo. No llegó por una referencia conocida para el gran público, sino por la influencia de su primo, a quien veía como modelo. En aquellos primeros años tuvo como entrenadores a Ricardo López y Luis Taboada, antes de desarrollar una carrera que le llevó por clubes como Academia Postal, Canal de Isabel II, CAI de Gran Canaria, Celta, New Balance y Sociedad Gimnástica de Pontevedra.
Sus primeras pruebas fueron carreras de 2.000, 3.000 y 5.000 metros. Más adelante dio el salto a la marcha y pasó por el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde trabajó con José Antonio Quintana, Arturo Martín y Javier Piñeiro, su entrenador personal. Hurtado recuerda que la adaptación a la marcha fue rápida, aunque no definitiva: después regresó a las pruebas de campo a través y también compitió en medio maratón y maratón.
El cambio entre correr y marchar, señala, presenta similitudes cardiovasculares, pero una exigencia muscular distinta por el impacto que soporta el cuerpo durante la carrera. En las distancias largas, añade, el rendimiento exige una concentración sostenida. Su preparación avanzó de las pruebas cortas hacia recorridos más extensos y combinó el trabajo físico con una preparación mental antes, durante y después de cada sesión.
Los inviernos y los retos
Uno de los recuerdos que conserva de su última temporada invernal en Lugo antes de trasladarse a Madrid es la persistencia de la lluvia, desde San Froilán hasta mediados de mayo. Preparar el maratón en esas condiciones suponía entrenar entre barro, humedad y oscuridad. Para Hurtado, el esfuerzo físico es indispensable, pero la capacidad mental resulta decisiva cuando las circunstancias complican la preparación.
Su gran objetivo deportivo fue acudir a unos Juegos Olímpicos. No llegó a participar, aunque asegura que se quedó relativamente cerca y se muestra satisfecho con lo conseguido. Entiende la recompensa del atletismo como la posibilidad de asumir retos progresivamente mayores y completarlos, más allá de una única meta competitiva.
Más nivel, pero con necesidades
Hurtado sitúa a Lugo en una trayectoria de crecimiento. Cita la presencia de pioneros en los lanzamientos vinculados al trabajo de Gregorio Pérez Rivera, la posterior aparición de fondistas como Tito Margaride, Alessandra Aguilar y María Abel, y la proyección actual de Adrián Ben y Aldara Meilán. También destaca pruebas como el Cross Ponte Romana, que incorpora a Lugo al calendario atlético.
El entrenador considera que la renovación del tartán de As Pedreiras, tres décadas después de la inauguración de la pista, supone un avance importante. Aun así, sostiene que hacen falta más medios técnicos, mejoras en el módulo cubierto y apoyo económico para que los entrenadores puedan dedicar más horas a su labor. En su opinión, esas condiciones ayudarían a consolidar la calidad existente en las categorías de base.
En su trabajo como técnico, Hurtado intenta trasladar una idea que considera central en este deporte: aunque la competición sea individual, el atletismo puede generar un compañerismo honesto. Los rivales se enfrentan en la pista, pero pueden reconocerse mutuamente el resultado. Para él, esa capacidad de felicitar al otro forma parte de los valores que deben acompañar a una disciplina mayoritariamente amateur.
