Enzo Fernández recibió la tarjeta roja en los minutos finales de la final del Mundial 2026 contra España. El mediocampista argentino, que ya tenía una amarilla, chocó con el defensor Pau Cubarsí y el árbitro esloveno Slavko Vinčić no dudó en mostrarle la segunda amonestación. Con esa decisión, Argentina quedó con diez jugadores en un momento clave del partido. Fernández se convirtió así en el tercer futbolista de la selección que es expulsado en una final de Copa del Mundo.
El contexto de la expulsión de 2026
La acción ocurrió a los 93 minutos, cuando el partido aún estaba abierto. Fernández, que había sido advertido previamente, cometió una falta que el árbitro consideró merecedora de la segunda tarjeta. La decisión generó protestas en el banco argentino, aunque el reglamento era claro respecto a la acumulación de amonestaciones. Esta situación revive el debate sobre el impacto que una expulsión puede tener en el desenlace de una final, especialmente cuando se produce en los instantes decisivos.
La selección dirigida en ese momento enfrentaba a una España que mantenía el control del mediocampo. La salida de Fernández obligó a un reajuste táctico inmediato que redujo las opciones de creación de juego en los minutos restantes. Hasta ese momento, el partido había mostrado un equilibrio frágil, con ambos equipos buscando espacios sin lograr una ventaja clara en el marcador.

Los antecedentes de Italia 1990
Antes del caso de Fernández, dos jugadores argentinos ya habían sido expulsados en una final mundialista. Ambos incidentes ocurrieron durante el partido contra Alemania en Italia 1990. Pedro Monzón y Gustavo Dezotti vieron la roja ante el árbitro mexicano Edgardo Codesal, en un encuentro que quedó marcado por la tensión y las decisiones arbitrales controvertidas.
Monzón ingresó en el segundo tiempo en lugar de Oscar Ruggeri, quien abandonó el campo por problemas físicos. Aproximadamente a los 65 minutos, el defensor cometió una falta sobre Jürgen Klinsmann que fue sancionada con roja directa. Se trató de la primera expulsión en la historia de una final de Copa del Mundo. Monzón sostuvo años después que el delantero alemán exageró la caída y que la infracción no había sido tan grave como se percibió en el momento.
La expulsión de Dezotti y el cierre del partido
Gustavo Dezotti fue el segundo expulsado. El delantero recibió la roja cerca del minuto 88, cuando Argentina ya perdía 1-0 tras el penal convertido por Andreas Brehme. Dezotti intentó recuperar el balón ante Jürgen Kohler y sujetó al defensor alemán del cuello, según la interpretación del árbitro. Con esa decisión, la selección quedó reducida a nueve jugadores en los minutos finales.
La situación reflejaba las dificultades que atravesaba el equipo argentino en ese torneo: acumulación de lesiones, sanciones previas y un desgaste físico evidente frente a un rival que imponía mayor intensidad. Dezotti también cuestionó la decisión arbitral y la vinculó con el penal sancionado a Roberto Sensini sobre Rudi Völler, una jugada que generó amplio debate en aquel momento.
Repercusiones históricas y arbitrales
Las tres expulsiones comparten elementos comunes: todas se produjeron en partidos contra selecciones europeas y generaron controversia sobre la interpretación de las faltas. En cada caso, los jugadores involucrados defendieron que la acción no justificaba la máxima sanción. Los registros históricos muestran que las finales de Mundial suelen caracterizarse por un nivel elevado de tensión que influye en las decisiones arbitrales.
El episodio de 1990 marcó un precedente en la aplicación de tarjetas en instancias decisivas. Monzón se convirtió en el primer jugador expulsado en una final, mientras que Dezotti amplió la marca al dejar al equipo con nueve futbolistas. El caso de Fernández en 2026 actualiza esa estadística y plantea interrogantes sobre cómo las selecciones gestionan el riesgo de acumular amonestaciones en partidos de alta exigencia.
Los tres jugadores coincidieron en señalar que las acciones fueron interpretadas de forma estricta por los árbitros. Esta percepción coincide con análisis posteriores de las finales, donde las decisiones sobre contacto físico suelen generar divisiones entre los observadores. El impacto en el resultado varía según el momento de la expulsión y el estado del marcador, pero siempre altera el planteo táctico del equipo afectado.
La historia de estas expulsiones ilustra cómo un solo incidente puede condicionar la narrativa de una final. En el caso argentino, los tres episodios ocurrieron en derrotas y quedaron asociados a la imagen de un equipo que enfrentó dificultades para mantener la igualdad numérica hasta el final. Los testimonios posteriores de los protagonistas aportan contexto sobre las condiciones del partido y las percepciones individuales de cada jugada.
