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Tronchon aprovecha la duda de Azparren en Elche de la Sierra

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Johanesteban Tronchon se impuso en la décima etapa de la Vuelta a España, con final en Elche de la Sierra, tras una llegada en la que Xabier Mikel Azparren dejó escapar una oportunidad muy trabajada. El corredor español del Pinarello fue sexto, aunque durante los últimos metros estuvo en disposición de pelear por un triunfo que habría tenido un valor especial: la etapa estaba entre sus objetivos señalados y respondía a un terreno favorable para sus características.

La resolución se decidió menos por la fuerza que por el cálculo. Azparren llegó al último kilómetro junto a Yevgeniy Fedorov y optó por mantenerse a rueda del ciclista del Astana hasta preparar su esprint. La maniobra tenía lógica: evitar desgaste y conservar una posición de ataque. Pero la espera se prolongó demasiado. Mientras los dos corredores vigilaban sus movimientos, el grupo que venía por detrás entró con más velocidad y convirtió aquella ventaja en una trampa.

Una llegada que castigó la indecisión

Tronchon leyó mejor ese desenlace y cruzó la meta por delante de Magnus Cort Nielsen, uno de los corredores más experimentados en llegadas de este tipo. No se trataba de un esprint masivo convencional. Los velocistas más puros habían perdido contacto en las rampas del puerto de Socovos, situado a poco más de veinte kilómetros de la llegada. El tramo final, con un repecho y corredores fatigados, abría el abanico a ciclistas resistentes, capaces de sostener un esfuerzo intenso después de una subida.

Azparren era uno de ellos. Precisamente por eso su frustración resultó tan visible después de la carrera. Reconoció que su duda habitual en los esprints volvió a condicionarle y que, de haber iniciado el esfuerzo antes, probablemente habría tenido opciones de ganar. Su análisis no es una simple reacción en caliente: en una llegada reducida, la posición no basta. Quien espera una aceleración perfecta corre el riesgo de no tener espacio ni velocidad para ejecutarla.

El episodio también muestra una paradoja habitual del ciclismo profesional. Un corredor puede llegar a una etapa con buenas piernas, conocer el recorrido y sobrevivir a los puntos decisivos, pero perderlo todo en una decisión de segundos. La victoria de Tronchon no nació únicamente de su velocidad final; se apoyó en haber interpretado que la incertidumbre de los rivales iba a abrir una ventana para quienes llegaran desde atrás con inercia.

La etapa que Azparren había preparado

La oportunidad tenía una carga personal para Azparren. El navarro había marcado esta jornada en su calendario porque el puerto de Socovos y el repecho final podían seleccionar el pelotón sin convertir la etapa en una prueba reservada para los grandes escaladores. La Vuelta le está situando cerca de un triunfo que todavía se le resiste, después de haber sido segundo en el Campeonato de España de contrarreloj, ganado por Pablo Castrillo.

Su trayectoria ayuda a entender el peso de esa búsqueda. Azparren no entró en el ciclismo con una ambición profesional definida, pese a crecer cerca de este deporte por la experiencia de su padre, Mikel Azparren, antiguo director del Caja Rural. A los doce años, su objetivo era perder peso. Con el tiempo convirtió aquella relación inicial con la bicicleta en una carrera de alto nivel, construida con paciencia y sin atajos.

Ese recorrido tuvo este verano una imagen especialmente elocuente: las lágrimas al coronar el Tourmalet durante su primer Tour de Francia. Había subido ese puerto muchas veces con su abuelo y lo hizo ahora como ciclista de la gran ronda francesa, acompañado en la cima por su padre y su novia. La escena explica por qué un sexto puesto puede dejar una sensación amarga sin disminuir el valor del camino recorrido. Para Azparren, ganar no es un gesto aislado, sino la confirmación de años de progresión.

El rojo de Enric Mas gana un día más

Mientras Azparren asumía el coste de una decisión táctica, Enric Mas añadió una jornada al frente de la clasificación general. El líder mantuvo el jersey rojo y solo quedan once etapas para la llegada a Granada. A sus 31 años, vive por primera vez esta condición en una gran vuelta, una novedad que afronta con entusiasmo pero también con la cautela propia de una carrera donde cualquier incidencia puede modificar el guion.

La etapa exigió atención incluso lejos de la lucha directa por el triunfo. A cinco kilómetros de meta, Sepp Kuss atacó como parte de una estrategia del equipo para facilitar la situación de Wout van Aert. Richard Carapaz respondió, y Mas logró entrar en el movimiento para cerrar el hueco. El líder reconoció que aquel terreno le favorecía menos que una ascensión larga, pero resolvió el momento sin perder la calma ni tiempo.

La comparación entre ambos protagonistas resume la naturaleza de la jornada. Mas conserva porque mide los riesgos dentro de una carrera de tres semanas; Azparren perdió porque demoró una decisión en una llegada de segundos. Uno avanza tachando días en rojo y el otro persigue una primera victoria de etapa. Ninguna de las dos historias está cerrada: la Vuelta todavía ofrece terreno para que Mas defienda su liderato y para que Azparren transforme la lección de Elche de la Sierra en una oportunidad mejor aprovechada.

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