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Trump plantea un Mundial sin socios en Norteamérica

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La edición de 2026 de la Copa del Mundo, celebrada de manera conjunta entre Estados Unidos, México y Canadá, ha dejado un saldo positivo en cuanto a asistencia y organización. Sin embargo, las declaraciones posteriores del presidente estadounidense Donald Trump han introducido un giro inesperado al sugerir que el próximo torneo podría realizarse exclusivamente en territorio norteamericano, excluyendo a sus dos socios originales. Esta propuesta, formulada en tono sarcástico durante una conferencia previa al cierre del evento, revive tensiones históricas sobre la distribución de responsabilidades en megaeventos deportivos y plantea interrogantes sobre el futuro de la cooperación regional en el ámbito futbolístico.

La trayectoria de la candidatura trilateral

La decisión de otorgar la sede compartida a tres países norteamericanos surgió tras un proceso de votación en el Consejo de la FIFA en 2018. En ese momento, la propuesta unificada de Estados Unidos, México y Canadá superó a la candidatura marroquí gracias a una infraestructura ya existente y a un plan de sedes que abarcaba 16 ciudades. La inclusión de México y Canadá respondió tanto a criterios geopolíticos como a la necesidad de ampliar el apoyo continental, evitando concentrar el evento en una sola nación. Durante los años previos al torneo, las tres federaciones colaboraron en la modernización de estadios y en la coordinación de seguridad fronteriza, un aspecto que resultó especialmente complejo dada la proximidad de varias sedes.

El éxito logístico de 2026 se atribuyó en parte a la experiencia previa de Estados Unidos en la organización de eventos masivos, como los Super Bowls y las finales de la NBA. México aportó su tradición en la recepción de mundiales anteriores, mientras que Canadá contribuyó con instalaciones en Toronto y Vancouver. Esta división de tareas permitió distribuir los 104 partidos en un territorio extenso sin saturar una única infraestructura.

El involucramiento personal de Trump y sus motivaciones

Desde el inicio de su segundo mandato, Trump mostró un interés creciente por el fútbol, aunque no siempre con resultados aplaudidos. Su intervención en el caso del delantero Folarin Balogun, solicitando la revisión de una sanción, generó críticas por posible injerencia política en decisiones deportivas. No obstante, su presencia en varios partidos y su relación con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, consolidaron una alianza que influyó en la narrativa oficial del torneo. Infantino llegó a afirmar que sin la participación activa de Trump el evento no habría alcanzado el mismo nivel de éxito, enfatizando la capacidad de Estados Unidos para unir audiencias globales.

Las palabras de Trump sobre la posibilidad de repetir la sede de forma unilateral reflejan una visión nacionalista aplicada al deporte. Al sugerir que México y Canadá podrían organizar futuros torneos por separado, el mandatario estadounidense introduce un precedente que podría alterar las reglas de selección de sedes en la FIFA. Históricamente, las candidaturas conjuntas han servido para mitigar riesgos financieros y políticos; romper esa fórmula podría llevar a concentraciones de poder en países con mayor capacidad económica.

Repercusiones diplomáticas en la región

La exclusión explícita de México y Canadá en las declaraciones de Trump ha generado malestar en las cancillerías de ambos países. México, que ya ha albergado dos mundiales anteriores, percibe la sugerencia como un menosprecio a su contribución histórica. Canadá, por su parte, ha invertido recursos significativos en la promoción del fútbol como herramienta de cohesión social, y una marginación repentina podría afectar planes de desarrollo a largo plazo en sus provincias. Estos roces diplomáticos podrían trasladarse a otras negociaciones bilaterales, como las revisiones del T-MEC, donde la confianza entre los tres gobiernos resulta esencial.

Además, la mención de China como posible coorganizador futuro añade una capa de complejidad geopolítica. Un torneo conjunto entre Estados Unidos y China enfrentaría desafíos de visado, control de fronteras y diferencias regulatorias que superan con creces las dificultades ya superadas en la edición de 2026. La logística de trasladar equipos, medios y aficionados entre dos potencias rivales exigiría protocolos de seguridad sin precedentes, elevando costos estimados en al menos un 30 por ciento según cálculos preliminares de consultoras especializadas en eventos deportivos.

Impactos en la gobernanza del fútbol internacional

La relación entre Infantino y Trump ha sido objeto de escrutinio por parte de organizaciones de transparencia. Críticos argumentan que la cercanía personal podría influir en decisiones futuras sobre sedes o reglamentos. Si la FIFA aceptara la idea de una sede exclusivamente estadounidense, se abriría la puerta a que otras potencias exijan condiciones similares, debilitando el principio de rotación continental que ha regido las últimas décadas. Países de África y Asia, que han esperado su turno durante años, podrían ver reducidas sus oportunidades de albergar el torneo.

Desde el punto de vista económico, concentrar un mundial en un solo país aumenta los ingresos por turismo y derechos televisivos para la nación anfitriona, pero reduce la distribución de beneficios entre múltiples economías. En 2026, ciudades mexicanas y canadienses reportaron incrementos notables en ocupación hotelera y ventas locales. Una edición unilateral eliminaría esos flujos cruzados, afectando cadenas de suministro regionales que se beneficiaron del evento compartido.

Perspectivas a largo plazo para megaeventos deportivos

La propuesta de Trump coincide con un debate más amplio sobre la sostenibilidad de los mundiales. Organismos como el Comité Olímpico Internacional han comenzado a favorecer formatos más reducidos y colaborativos para controlar costos y huella ambiental. Si la FIFA optara por sedes individuales recurrentes en naciones con infraestructura dominante, el modelo de cooperación multilateral perdería fuerza, alterando el equilibrio entre países desarrollados y en vías de desarrollo. El caso de la candidatura única estadounidense podría servir como precedente para futuras decisiones, ya sea en el fútbol o en otros deportes de alcance global.

La evolución de estas ideas dependerá de las negociaciones internas dentro de la FIFA y de la respuesta de las federaciones nacionales afectadas. Mientras tanto, las declaraciones de Trump han puesto sobre la mesa una cuestión central: hasta qué punto los megaeventos deportivos deben reflejar alianzas políticas o, por el contrario, mantener una distancia prudente de las agendas nacionales de cada mandatario.

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