El camino hacia la gloria nunca es sencillo y menos si esa vía es la que lleva hacia la Copa del Mundo. El Mundial más largo de la historia ha dibujado para España un sendero lleno de obstáculos que ha ido sorteando, algunos con más brillantez que otros, con un fútbol al alcance de nadie.
El debut contra Cabo Verde
El turno de la Roja llegó el 15 de junio ante Cabo Verde, una selección desconocida y debutante que terminó por adjudicarse el papel de la revelación tras no perder ninguno de sus partidos en los 90 minutos, tres de ellos frente a campeonas del mundo. Lo que parecía un descalabro que evocaba a los peores días de la selección en los Mundiales acabó por recordar a aquel tropiezo ante Suiza en Sudáfrica a medida que avanzaba el calendario.
El partido inicial expuso las dificultades de un formato extendido que obliga a los equipos a mantener la concentración durante semanas. España no encontró el ritmo esperado y el empate inicial obligó a una reacción inmediata en las jornadas siguientes. El grupo, sin embargo, mantuvo la cohesión y evitó que el resultado se convirtiera en un lastre psicológico.
Recuperación y dominio ante Arabia Saudita y Uruguay
Arabia pagó los platos rotos con una goleada y Uruguay hizo las maletas tras ser superada también por España en un partido farragoso. Estos dos encuentros marcaron el inicio de una fase de mayor control táctico. El equipo de Luis de la Fuente ajustó su presión alta y mejoró la circulación del balón en zonas intermedias, aspectos que habían quedado en evidencia en el debut.
La victoria ante Uruguay resultó especialmente significativa porque evidenció la capacidad de adaptación de España ante un rival que planteaba un bloque bajo y salidas rápidas. El análisis posterior del partido mostró cómo los cambios en la medular permitieron mayor posesión y la creación de espacios que antes no existían.

El primer match ball y la prueba portuguesa
Llegó el primer match ball frente a Austria y el rodillo español se activó con otro correctivo por medio de Oyarzabal y Pedro Porro. Samu Costa y CR7 amenazaban la continuidad de la Roja en el torneo con uno de los equipos candidatos a levantar el trofeo más deseado, pero Mikel Merino se vistió de héroe y prolongó el sueño con un tanto en el descuento tras una fantástica asociación con Ferran Torres.
El gol de Merino ante Portugal representó un punto de inflexión. No solo salvó la eliminación, sino que reforzó la confianza del grupo en su capacidad para resolver situaciones límite. El análisis de datos del partido reveló que España generó más ocasiones de las que el marcador reflejaba en los 90 minutos, lo que confirmó la solidez del plan de juego.
Resistencia ante Bélgica y la exhibición contra Francia
Volvió Merino a rescatar a España ante Bélgica con otro gol al borde del final después de un partido dominado de cabo a rabo. Francia y su retahíla de nombres imposibles de agrupar siquiera en un equipo de videojuego esperaba en semifinales. Mbappé, inspirado durante todo el torneo de cara a puerta, no olió ni un solo balón en la exhibición que los de Luis de la Fuente brindaron a los presentes en el estadio de Texas y a todo un país empujando sin parar desde la distancia.
La victoria sobre Francia en semifinales destacó por su claridad táctica. España neutralizó las transiciones francesas y mantuvo la posesión en zonas seguras, privando al rival de espacios para desplegar su velocidad. El partido confirmó que el equipo había alcanzado un nivel de madurez colectiva superior al mostrado en fases anteriores.
La final ante Argentina y el cierre del ciclo
Entonces, el reto era mayúsculo. Argentina y Messi delante. Los campeones. Y nada de eso importó porque España volvió a pasar por encima con una auténtica lección. Ferran Torres fusiló al Dibu y bordó la segunda estrella.
El triunfo final ante Argentina cerró un recorrido que combinó momentos de incertidumbre con fases de dominio claro. La constancia en la propuesta de juego y la aparición de soluciones individuales en los instantes decisivos permitieron a España conquistar el título. El análisis del torneo muestra que el éxito no derivó de un único factor, sino de la suma de ajustes tácticos, resiliencia y eficacia en los momentos clave.
