Campoo de Enmedio ha dado un paso largamente esperado con el inicio de las obras de su primer campo de fútbol. Han transcurrido dos décadas, tres proyectos y varias generaciones de deportistas desde que la instalación comenzó a formar parte de las demandas recurrentes del municipio. La actuación, financiada por el Gobierno de Cantabria con 1.387.392 euros y adjudicada a Solpavifer, contempla un terreno de hierba artificial de 106 por 70 metros, la urbanización del entorno, un nuevo vial de acceso y distintos servicios auxiliares.
El proyecto tiene una dimensión que va más allá de la construcción de una infraestructura deportiva. Los alrededor de 400 jóvenes vinculados a las Escuelas Deportivas Municipales representan una demanda inmediata, pero el campo también aspira a convertirse en un equipamiento de referencia para el conjunto de la comarca de Campoo. Esa expectativa puede reforzar la cohesión territorial y ofrecer nuevas oportunidades de actividad física, aunque también eleva las exigencias sobre su gestión, mantenimiento y capacidad real para atender a los usuarios.

Una inversión con efecto territorial
La principal oportunidad está en corregir una carencia que ha obligado durante años a los equipos locales a depender de instalaciones situadas fuera del municipio o de espacios que no respondían a sus necesidades. Disponer de un campo de dimensiones reglamentarias puede reducir desplazamientos, facilitar la programación de entrenamientos y dar mayor estabilidad a las escuelas deportivas. Para las familias, ese cambio puede traducirse en menos tiempo de transporte y en un acceso más sencillo a una actividad que ya cuenta con una base social consolidada.
El impacto potencial no se limita a la práctica deportiva. Una instalación moderna puede atraer partidos, torneos y concentraciones de ámbito comarcal, con efectos indirectos sobre la hostelería, el comercio y los servicios de Matamorosa y del resto de Campoo de Enmedio. La existencia de iluminación, videomarcadores, aseos y un nuevo acceso permite pensar en un uso más amplio que el de los entrenamientos ordinarios. Sin embargo, ese beneficio económico no se produce automáticamente: depende de una programación constante, de una política de precios razonable y de la capacidad municipal para coordinar actividades sin generar conflictos con los vecinos.
La colaboración institucional anunciada entre el Ejecutivo autonómico, el Ayuntamiento y la Junta Vecinal aporta una base favorable para el proyecto. El Gobierno regional asume la financiación de las obras, mientras que el municipio ha aportado los terrenos, aprobado el proyecto y licitado y adjudicado el contrato. Este reparto permite materializar una actuación que probablemente habría resultado difícil de afrontar con recursos exclusivamente municipales. También establece, no obstante, una responsabilidad clara para la administración local, que tendrá que gestionar el recinto una vez concluido y asumir sus costes recurrentes.
El reto empieza cuando termine la obra
El plazo de ejecución de ocho meses sitúa la puesta en servicio en la próxima primavera, siempre que no surjan problemas técnicos, administrativos o meteorológicos. La experiencia de los tres proyectos anteriores aconseja observar el calendario con prudencia. Los retrasos en suministros, la adaptación de los terrenos, la tramitación de modificaciones o la aparición de deficiencias durante la ejecución pueden alterar tanto la fecha de inauguración como el coste final. La presión por cumplir el compromiso temporal no debería llevar a reducir controles de calidad ni a acelerar indebidamente fases esenciales.
La construcción de un campo de hierba artificial no concluye con la colocación de la superficie. El césped exige cepillados, reposición de material de relleno, limpieza, revisión de juntas y control de la planimetría. El sistema de riego, la iluminación, los videomarcadores y el cuarto de instalaciones también requerirán revisiones periódicas y consumo energético. Si el presupuesto municipal no incorpora una previsión realista de estos gastos, existe el riesgo de que el equipamiento pierda calidad antes de lo previsto o de que se limite su uso para contener costes.
La gestión futura tendrá que definir con precisión quién puede utilizar el campo, en qué horarios y con qué criterios de prioridad. La presencia de 400 jóvenes en las escuelas deportivas garantiza una demanda elevada, pero también puede generar saturación si se suman los clubes federados, los equipos de otras localidades y las actividades ocasionales. Un calendario transparente, con reserva suficiente para el deporte base y acceso equilibrado para las distintas categorías, será determinante para evitar que una instalación comarcal termine beneficiando solo a los equipos con mayor capacidad organizativa.
Más usuarios, más exigencias
La futura ampliación prevista para vestuarios, almacenes y graderío cubierto constituye una ventaja de planificación, porque permite no cerrar ahora la posibilidad de que el complejo crezca. También representa una incertidumbre. Dejar preparadas las instalaciones no significa que exista financiación para ejecutar esas fases, y las necesidades pueden cambiar con el tiempo. El Ayuntamiento tendrá que valorar, antes de ampliar, si la demanda, los ingresos y la capacidad de mantenimiento justifican nuevas inversiones. De lo contrario, la previsión puede convertirse en una promesa difícil de cumplir o en una estructura infrautilizada durante años.
La ausencia inicial de vestuarios y graderío cubierto puede limitar la experiencia de los usuarios y la celebración de determinadas competiciones. El diseño debería garantizar que las condiciones provisionales sean dignas, accesibles y seguras, especialmente para los menores, los equipos visitantes y las personas con movilidad reducida. También será importante resolver adecuadamente los itinerarios peatonales, la iluminación exterior, el aparcamiento y la circulación de vehículos en los días de mayor afluencia. La proximidad a la Iglesia Nueva de Matamorosa hace especialmente relevante la convivencia entre la actividad deportiva, los actos religiosos y la vida cotidiana del entorno.
El nuevo vial de acceso puede mejorar la conexión con la parcela, pero también concentrar tráfico y ruido en una zona que hasta ahora tenía un uso distinto. La administración deberá anticipar los problemas de estacionamiento y establecer medidas para evitar que los encuentros provoquen ocupaciones desordenadas de calles o dificultades para los servicios de emergencia. La seguridad no depende únicamente del terreno de juego: incluye entradas, salidas, evacuación, control de aforos y mantenimiento de los espacios exteriores.
La sostenibilidad será una prueba pendiente
La elección de hierba artificial favorece un uso intensivo y reduce la dependencia de las condiciones meteorológicas, algo valioso en una instalación que debe atender a numerosos equipos. A cambio, plantea preguntas ambientales y económicas que conviene abordar desde el principio. El consumo de agua para el riego y la limpieza, la gestión del material de relleno, el calentamiento de la superficie en episodios de altas temperaturas y la retirada del césped al final de su vida útil forman parte del coste real del proyecto, aunque no aparezcan en la inauguración.
Las administraciones deberían publicar un plan de mantenimiento que incluya revisiones, consumos y criterios de sustitución. La iluminación puede incorporar soluciones eficientes y sistemas de control horario para reducir gasto energético y molestias a los residentes. También cabe estudiar la instalación futura de fuentes de energía renovable, la recogida de aguas pluviales o medidas de drenaje que eviten problemas durante los episodios de lluvia. Estas decisiones tendrían un coste inicial, pero podrían disminuir la factura de explotación y mejorar la aceptación social de la instalación.
Otro aspecto que merece seguimiento es la calidad de la superficie deportiva. Un campo utilizado de forma intensiva puede deteriorarse con rapidez si no se respetan los periodos de descanso o si el mantenimiento resulta insuficiente. Ese desgaste afecta al rendimiento y puede aumentar el riesgo de lesiones. El Ayuntamiento debería establecer indicadores públicos sobre horas de uso, incidencias, reparaciones y disponibilidad efectiva, de modo que la ciudadanía pueda comprobar si el equipamiento cumple la finalidad para la que se financió.
Una oportunidad que exige continuidad
La obra puede convertirse en un elemento de arraigo para los jóvenes y en un argumento adicional para fortalecer la población de Campoo de Enmedio, pero un campo por sí solo no resuelve los desafíos demográficos ni garantiza que los deportistas permanezcan en la comarca. Su impacto será mayor si se integra en una política deportiva que incluya formación, igualdad de acceso, apoyo a clubes, actividades para niñas y mujeres, deporte adaptado y coordinación con los centros educativos. La instalación debe servir tanto a quienes compiten como a quienes buscan una práctica recreativa.
La larga espera ha cargado el proyecto de expectativas. Esa circunstancia puede impulsar una participación ciudadana positiva, pero también aumentar la frustración si la apertura se retrasa o si el resultado no incorpora todos los servicios anunciados para el futuro. La comunicación institucional tendrá que distinguir claramente entre lo que queda contratado ahora y lo que constituye una posible ampliación. Explicar el calendario, los costes de gestión y las limitaciones iniciales será más útil que presentar la actuación como una solución completa desde el primer día.
La primera piedra simboliza el cierre de una reivindicación, pero la verdadera evaluación llegará con el funcionamiento cotidiano. El éxito dependerá de que la obra se entregue con calidad, de que el municipio pueda sostenerla sin descuidar otros servicios y de que el acceso se distribuya de manera justa. Si esas condiciones se cumplen, el campo puede ofrecer beneficios deportivos, sociales y económicos duraderos para Matamorosa y toda la comarca. Si se subestiman los gastos, la demanda o las exigencias ambientales, el proyecto corre el riesgo de convertirse en una infraestructura costosa y limitada. La próxima primavera marcará el inicio visible; la gestión de los años siguientes determinará su valor real.
