Oleksandr Usyk, presente en Arabia Saudita durante la victoria de Anthony Joshua ante Kristian Prenga, reiteró ante la BBC su decisión inquebrantable de disputar únicamente un último combate. El ucraniano de 39 años, que ya renunció a sus cinturones mundiales tras superar a Rico Verhoeven, descartó cualquier extensión de su carrera y enfatizó que no habrá tres ni cinco peleas finales, sino solo una.

Esta postura revela una estrategia deliberada de cierre limpio. Usyk busca evitar el patrón habitual de boxeadores que prolongan su actividad más allá de su pico, eligiendo en cambio un rival que maximice el valor histórico de su despedida. Deontay Wilder aparece como el contendiente más lógico: su poder de nocaut y su condición de excampeón mundial ofrecen un enfrentamiento que podría celebrarse en territorio estadounidense, como el propio Usyk desea.
Además, Usyk pronosticó que Joshua derrotará a Tyson Fury para convertirse en el próximo campeón indiscutible. La relación entre ambos, consolidada tras sus duelos y el apoyo mutuo tras el accidente en Nigeria, añade contexto personal a esta fase final. La determinación de Usyk no solo preserva su legado, sino que establece un ejemplo de disciplina en una división donde las retiradas suelen ser imprecisas.
