El miércoles 15 de julio de 2026, un grupo de veinte excombatientes de la guerra de Malvinas se reunió en el Centro de Veteranos de Guerra de Quilmes para seguir el partido de semifinales entre Argentina e Inglaterra. La convocatoria habitual de un asado se transformó en una vigilia colectiva que reflejó la carga simbólica que aún conserva ese enfrentamiento para quienes participaron en el conflicto de 1982.
El ambiente en el centro quilmeño
Desde el mediodía, los veteranos ocuparon el salón principal donde una pantalla de 65 pulgadas transmitía el encuentro. Restos de asado de tira, gaseosas y café permanecían sobre las mesas mientras el partido avanzaba. Las camisetas celeste y blanca y las que llevaban estampadas las islas Gran Malvina y Soledad evidenciaban la identidad del lugar. Miguel Cerruti, presidente del centro, señaló que el espacio funciona como punto de encuentro diario y que la memoria de la guerra se defiende también en la cancha.

Durante el primer tiempo, los comentarios alternaron entre el análisis táctico y las consignas cargadas de historia. Jorge Irigoitía, vicepresidente del centro, expresó que el partido había sido dispuesto para que Messi marcara un gol decisivo. Cerruti observó que los jugadores argentinos mostraban nerviosismo por la carga emocional del encuentro y que la defensa por el sector derecho presentaba dificultades.
El segundo tiempo y el gol de Enzo Fernández
Tras el descanso, la tensión aumentó. El gol de Anthony Gordon a los diez minutos del complemento generó un silencio breve seguido de críticas a la marca de Nahuel Molina. Los veteranos permanecieron de pie frente a la pantalla y entonaron consignas tradicionales cuando el equipo argentino presionó. El cabezazo de Nicolás González que atajó Pickford y el tiro de Alexis MacAllister que dio en el poste mantuvieron la incertidumbre hasta el minuto 85.
Enzo Fernández abrió el empate desde fuera del área y desató una celebración inmediata. Lautaro Martínez selló el resultado definitivo con un cabezazo en los minutos finales. Los nueve minutos de adición mantuvieron la atención hasta el pitazo final del árbitro Ismail Elfath. Los asistentes se abrazaron y algunos terminaron sentados en el suelo mientras veían a Messi arrodillado en la pantalla.
La reacción de los vecinos
Al concluir el partido, los veteranos salieron a la esquina de Joaquín V. González y Avenida Gutiérrez. Cerca de cien vecinos se acercaron para saludarlos, abrazarlos y tomarse fotografías. Daniel López, exmiembro del Regimiento 7, indicó que nunca antes se había registrado una manifestación espontánea de esa magnitud en el barrio y que el vínculo entre la comunidad y los veteranos se había fortalecido con el resultado.
Los excombatientes coincidieron en que la selección había actuado con la misma determinación que ellos mostraron en el frente. Héctor Nazaralet resumió la jornada al afirmar que los jugadores no se dieron por vencidos y que esa actitud recordaba la de quienes defendieron las islas. La jornada terminó con cánticos compartidos entre veteranos y vecinos en la vereda del centro.
