La pradera de Villafañe acogió el pasado sábado una tarde de lucha leonesa marcada por giros inesperados y momentos de alta intensidad. El corro, que cumple diez años desde aquel emotivo abrazo entre Caberín y Sansón tras la pérdida de su padre, volvió a ofrecer combates que oscilaron entre la maestría técnica y la incertidumbre reglamentaria. Los aficionados presentes destacaron la capacidad del evento para mantener viva la memoria de la hierba mientras se desarrollaban las eliminatorias en las cuatro categorías.
La jornada comenzó con la categoría de medios, donde el navarro Ibai Gracia sorprendió al vigente campeón David Riaño en la previa. El luchador de Lillo explicó tras el combate que su padre le había advertido sobre un posible despiste, y el resultado confirmó esa observación. Gracia avanzó con solvencia hasta la semifinal, donde remontó un inicio adverso frente a Richi Marcos de Valdepielago.
Chelo impone su estilo en la final de medios
La final de medios enfrentó a Ibai Gracia con José Luis García, Chelo de Puente Almuhey. El montañés, apoyado desde la grada por su hermana Edi, mostró un rendimiento irregular pero efectivo que le permitió dar la vuelta al combate en los instantes decisivos. Observadores locales señalaron que el estilo imprevisible de Chelo complementa y a la vez desestabiliza el juego del navarro, un factor que se repite en sus enfrentamientos previos.
El resultado deja a Chelo como posible referente de la categoría para el resto de la temporada. Su trayectoria en corros anteriores sugiere que este triunfo podría marcar un punto de inflexión si mantiene la consistencia en las próximas citas.

Intensidad y cambios en semiopesados
La categoría de semiopesados concentró su atención en Tomasuco de La Vecilla. El luchador demostró superioridad física ante Adri en semifinales, aunque la final ante Rodri terminó con una caída registrada a las 19:37 mediante un saque a vueltas rematado con cruce. El gesto de Rodri tras la acción generó dudas sobre si respondía a un mareo momentáneo o a la confirmación de la superioridad del rival.
Pedro Alvarado, por su parte, expresó malestar por el tratamiento de las pasividades, lo que afectó su ánimo al cierre de la categoría. El episodio evidenció la importancia de la interpretación arbitral en combates de alta exigencia física.
Polémica y resolución en pesados
La categoría de pesados vivió la mayor complejidad organizativa de la jornada. Una doble exclusión por empate a cero en la previa entre Pedro Alvarado y Caberín alteró el orden previsto de los sorteos telemáticos. Posteriormente, El Canario se retiró al desconocer que ocupaba la tercera plaza por falta de rival, dejando la norma como única referencia para resolver el vacío.
Finalmente, la final enfrentó a Unai del Campo, El Potro de Lillo, con Jesús Quiñones. El montañés aprovechó la oportunidad con un combate que combinó carisma y técnica, consolidando su presencia en una categoría superior a la inicialmente prevista para esta temporada.
Cierre con solvencia en ligeros
La categoría de ligeros, que cerró la tarde, enfrentó al campeón Carlos Mondelo con Alejandro Franco, El Halconero. El especialista local logró una victoria rápida en la previa, pero Sergio de Grandoso, La Saeta Rubia, mantuvo su línea habitual de precisión en semifinales ante Jesús de La Braña y en la final.
El contraste entre el carácter imprevisible de Franco y la regularidad de Sergio definió el desenlace. Este último continúa marcando el ritmo de la categoría con resultados que combinan solvencia técnica y menor margen de error.
La jornada en Villafañe dejó varios nombres en primera línea de cara a las próximas competiciones. Chelo, Unai del Campo y Sergio de Grandoso aparecen como referentes en sus respectivas categorías, mientras que las incidencias reglamentarias en pesados plantean la necesidad de revisar procedimientos para evitar vacíos similares en eventos futuros.
