Willy Hernangómez ya ha iniciado públicamente su nueva etapa en el Unicaja con un mensaje directo: trabajo, competición y capacidad de demostrar su valor. El pívot madrileño fue presentado este lunes como una de las incorporaciones centrales del proyecto que dirigirá Txus Vidorreta en Málaga, donde firmó un contrato por una temporada y situó su llegada como una oportunidad para recuperar continuidad, sentirse importante y contribuir a un equipo que afronta un curso de elevadas exigencias.
El jugador, uno de los interiores más reconocidos del baloncesto español por su trayectoria en la selección y por sus pasos por la NBA, el Real Madrid y el Barcelona, se mostró especialmente ilusionado con su llegada al Martín Carpena. Hernangómez insistió en que no aterriza con una pretensión de jerarquía automática, sino con la voluntad de integrarse en una estructura competitiva. “Me he puesto el casco, soy un soldado más. Debo trabajar, competir y demostrar”, resumió durante su comparecencia.

Una apuesta de peso para el nuevo ciclo
La incorporación de Hernangómez refuerza el juego interior de un Unicaja inmerso en una fase de reconstrucción deportiva. La llegada de Vidorreta al banquillo y la presencia de varios fichajes obligan al club a acelerar la cohesión de una plantilla renovada, pero también ofrecen una posibilidad de elevar el techo competitivo. El pívot considera que el vestuario combina perfiles con experiencia y jugadores llamados a asumir responsabilidades, una mezcla que puede resultar útil en un calendario con varias competiciones.
El internacional español destacó la ambición del proyecto y puso el foco en la Basketball Champions League, torneo que afrontará por primera vez en su carrera. Para un jugador con recorrido en grandes escenarios nacionales e internacionales, la BCL representa un incentivo añadido, no una competición secundaria. Su declaración apunta a una idea compartida por el club: la temporada no se medirá solo por el rendimiento en la Liga Endesa, sino por la capacidad de competir de forma sostenida en todos los frentes.
“Es el sitio perfecto”, afirmó Hernangómez, quien aseguró haber percibido desde su llegada una acogida positiva por parte de la entidad. También evocó su vínculo previo con el Carpena, pabellón que ha conocido como rival y con la camiseta de la selección española. Esa familiaridad no elimina la adaptación necesaria a un nuevo vestuario y a las demandas de un entrenador distinto, pero sí reduce el componente de extrañeza en un cambio que llega en un momento relevante de su carrera.
Un contrato corto con objetivos concretos
El acuerdo por un solo año es uno de los elementos más significativos de la operación. Hernangómez explicó que la duración responde a su deseo de acreditar ante el Unicaja cuánto puede aportar al equipo. El formato ofrece al jugador un marco para relanzar su papel competitivo y al club una evaluación directa de su encaje deportivo, físico y colectivo antes de comprometerse a más largo plazo. En una plantilla con novedades, ese equilibrio entre ambición y cautela adquiere especial sentido.
El pívot enumeró cualidades que pretende trasladar al grupo: disciplina, físico, trabajo, compañerismo, unidad y disposición para exigirse en cada entrenamiento y partido. Más allá del repertorio ofensivo o de la presencia cerca del aro, su impacto dependerá de la regularidad. El Unicaja necesitará interiores capaces de proteger la zona, cerrar el rebote, generar ventajas y sostener el nivel en partidos consecutivos. La experiencia de Hernangómez puede ser un factor diferencial si se traduce en producción estable y en liderazgo cotidiano, incluso sin reclamar una condición principal.
El propio jugador rebajó las expectativas personales al señalar que no llega como líder predeterminado. Citó a compañeros como Alberto, Kendrick, Djedo y Tyson como referentes de los que espera aprender. El mensaje encaja con una plantilla que deberá distribuir responsabilidades y evitar una dependencia excesiva de una sola figura. La profundidad del grupo será determinante para gestionar las rotaciones, las lesiones y el desgaste que implican las competiciones nacionales y continentales.
El cierre de la etapa en Barcelona
Hernangómez también se refirió, sin extenderse, a su anterior etapa en el Barcelona, que no alcanzó las expectativas iniciales de ninguna de las partes. Reconoció su cuota de responsabilidad y dio el capítulo por cerrado desde hace meses. Esa autocrítica resulta relevante porque su fichaje por el Unicaja está inevitablemente ligado a la necesidad de recuperar sensaciones después de un periodo con menor protagonismo del esperado.
La salida del Barcelona no borra su palmarés ni su conocimiento del alto nivel, pero convierte esta campaña en una prueba exigente. El jugador deberá demostrar que puede trasladar su experiencia a un contexto con nuevas obligaciones y con un modelo de juego que aún está por consolidarse. Para el Unicaja, la operación combina el atractivo de incorporar talento contrastado con el desafío de encontrar la mejor versión de un pívot que llega motivado por volver a sentirse decisivo.
Selección antes de la pretemporada completa
La integración de Hernangómez tendrá un condicionante inicial: se perderá el arranque de la pretemporada debido a la ventana FIBA de finales de agosto. El internacional no expresó preocupación por ese calendario, al considerar que la concentración con España será breve y que después podrá engancharse al trabajo del equipo. “Ir a la Selección es un orgullo”, señaló, al tiempo que remarcó que no se trata de una preparación prolongada como la de un Eurobasket.
Su incorporación posterior obligará a ajustar las cargas de trabajo y a acelerar el aprendizaje de los automatismos de Vidorreta, especialmente en defensa y en las conexiones con el resto de los interiores y los generadores exteriores. Sin embargo, Hernangómez afronta también esa circunstancia como parte de una oportunidad que quiere aprovechar desde el primer día disponible. “Quiero seguir creciendo como jugador y competir para ayudar al equipo al máximo”, afirmó. En Málaga, esa declaración será el punto de partida de una temporada en la que el rendimiento colectivo y su respuesta individual avanzarán estrechamente ligados.
