La pretemporada del Deportivo ha entrado en una fase especialmente significativa. El equipo de Antonio Hidalgo no solo aumenta la carga física y la exigencia táctica en su concentración de Coverciano, sino que empieza a definir qué futbolistas llegarán en condiciones reales al estreno liguero ante el Elche, previsto para el 17 de agosto en Riazor. En ese proceso, la reincorporación de Yeremay Hernández y David Mella al trabajo colectivo representa mucho más que una buena noticia médica: afecta a la estructura deportiva, a la planificación del entrenador y a las expectativas creadas alrededor del regreso del club a Primera.
Yeremay fue la gran novedad del verano al entrenarse por primera vez con el grupo. El atacante canario arrastraba problemas de pubis que limitaron su participación durante el tramo final de la pasada temporada. Su vuelta se produce, por tanto, después de una lesión cuya gestión exige prudencia, porque las molestias en esa zona suelen estar vinculadas a la acumulación de esfuerzos, los cambios de dirección y la imposibilidad de aislar por completo el dolor en un futbolista ofensivo.
David Mella avanza por un camino diferente, aunque con una consecuencia similar. El jugador de Teo fue operado de la rodilla izquierda en marzo y se perdió el último tercio del curso. Tras asomarse al grupo en Abegondo la semana anterior, ya trabaja con normalidad en Italia. El hecho de que ambos coincidan en la fase final de su recuperación permite al Deportivo recuperar progresivamente dos de sus principales argumentos de desequilibrio, pero también obliga al club a evitar que la urgencia competitiva precipite los plazos.

Dos carreras interrumpidas por el salto de categoría
La importancia de sus regresos se entiende al observar el papel que desempeñaron en los años recientes. Yeremay y Mella fueron piezas relevantes en el ascenso a Segunda y en la permanencia posterior, una etapa en la que el Deportivo volvió a construir su identidad alrededor de jóvenes formados en Abegondo. Sin embargo, el curso del ascenso a Primera resultó menos favorable para ambos. Mella quedó fuera por la intervención de rodilla, mientras Yeremay permaneció un mes parado y reapareció condicionado por la pubalgia.
La paradoja es evidente: el club alcanzó el objetivo histórico del ascenso cuando dos de sus futbolistas más talentosos no pudieron participar con continuidad. El logro colectivo amortiguó el impacto deportivo de sus ausencias, pero la nueva categoría eleva el coste de cualquier baja. En Primera, la profundidad de las plantillas, la velocidad del juego y la calidad individual de los rivales reducen el margen para compensar durante meses la pérdida de dos jugadores capaces de romper líneas y generar ventajas en el último tercio.
Para Hidalgo, la recuperación no consiste simplemente en poner a ambos sobre el césped. El entrenador ha señalado que Yeremay debe ir acumulando minutos de entrenamiento y que probablemente no dispute los amistosos de esta semana. Respecto a Mella, ha insistido en la necesidad de que recupere confianza después de muchos meses alejado de la competición. Las dos declaraciones reflejan una diferencia relevante: la condición física puede medirse con pruebas y cargas, pero la respuesta del futbolista a los contactos, los cambios de ritmo y la presión competitiva solo aparece de manera gradual.
La prudencia médica frente a la ansiedad del calendario
El Deportivo afronta una secuencia exigente en Italia. El jueves se medirá con la Fiorentina y el sábado con el Genoa, antes de regresar a Galicia para preparar el Teresa Herrera ante el Real Madrid y el debut frente al Elche. En apariencia, esos partidos ofrecen una oportunidad ideal para acelerar la puesta a punto. Para Yeremay y Mella, sin embargo, cada minuto debe responder a una decisión individualizada y no a la necesidad de completar una alineación de prestigio.
La exclusión de Yeremay de los amistosos italianos apunta precisamente a ese criterio. Un partido de pretemporada puede tener una intensidad superior a la de un entrenamiento controlado: hay más duelos, más acciones imprevisibles y mayor tendencia del jugador a superar los límites para competir. En una pubalgia, ese contexto puede convertir una mejoría funcional en una recaída. La prudencia no elimina el riesgo, pero sí evita añadir un factor innecesario cuando todavía quedan semanas antes de la primera jornada.
Con Mella, el proceso puede ser algo más flexible, aunque la operación de rodilla impone sus propias cautelas. La recuperación no termina cuando el jugador vuelve a completar ejercicios con sus compañeros. Debe demostrar tolerancia a las cargas, confianza en los apoyos y capacidad para repetir esfuerzos sin inflamación ni pérdida de potencia. También será decisivo comprobar cómo reacciona en los entrenamientos posteriores, porque una rodilla operada puede responder correctamente a una sesión y revelar sus límites después de varias acumulaciones de trabajo.
El valor táctico de recuperar extremos desequilibrantes
La presencia de ambos modifica las posibilidades de Hidalgo. Yeremay aporta conducción, capacidad para recibir entre líneas y recursos en situaciones de uno contra uno. Mella ofrece velocidad, profundidad y una relación especialmente natural con los espacios abiertos. No son perfiles intercambiables, pero sí complementarios: uno puede atraer rivales hacia zonas interiores y el otro castigar la espalda de la defensa. En un equipo recién ascendido, contar con alternativas de ese nivel puede ser tan importante como incorporar nuevos futbolistas.
La Primera División suele castigar los ataques previsibles. Los rivales pueden aceptar que un recién ascendido tenga menos posesión, pero se preparan para cerrar los caminos más directos hacia el área. En ese escenario, el regate de Yeremay o la aceleración de Mella pueden transformar una salida aparentemente estéril en una ocasión. La lógica es sencilla: si un defensor necesita la ayuda de un segundo jugador para contener el duelo individual, el Deportivo obtiene una superioridad en otra zona; si no recibe esa ayuda, queda expuesto al desequilibrio.
Eso no significa que su regreso resuelva por sí solo los problemas del equipo. Ambos deberán adaptarse a una competición en la que las defensas conceden menos tiempo y los errores se pagan con mayor rapidez. Además, el cuerpo técnico tendrá que gestionar sus minutos para evitar que el valor potencial de la pareja se convierta en una dependencia excesiva. La experiencia de la temporada pasada demuestra que un jugador determinante no puede sostener una campaña completa si el calendario y la carga física no están bien administrados.
Abegondo como patrimonio y responsabilidad competitiva
La recuperación de Yeremay y Mella también tiene una dimensión institucional. Los dos representan el vínculo entre Abegondo y el primer equipo, en un momento en que el Deportivo vuelve a la máxima categoría con la necesidad de competir sin renunciar a su modelo de formación. Su evolución será observada no solo por el rendimiento inmediato, sino por lo que comunique a los futbolistas jóvenes que esperan dar el salto profesional.
El caso de Mella resulta especialmente ilustrativo. Un jugador formado en el entorno del club que regresa tras una lesión grave puede convertirse en una referencia de perseverancia, pero también revela las exigencias de una carrera temprana sometida a grandes expectativas. El club tendrá que protegerlo de una lectura simplista: no debe considerarse un fracaso que necesite tiempo para recuperar su mejor versión, del mismo modo que un partido destacado no debería interpretarse como la confirmación definitiva de que la lesión quedó atrás.
Con Yeremay ocurre algo parecido, aunque su exposición pública es mayor por su condición de gran talento ofensivo. Cuanto más decisivo parece un futbolista para el proyecto, mayor es la presión para que reaparezca antes de estar plenamente preparado. La gestión comunicativa será importante: ofrecer información clara sobre sus plazos puede reducir especulaciones y evitar que cada ausencia en un amistoso sea interpretada como una alarma.
Un regreso que puede definir la profundidad del proyecto
La situación del Deportivo no se limita a estos dos nombres. Altimira y Asp Jensen continúan fuera de la dinámica grupal, de modo que Hidalgo todavía no dispone de todos sus recursos. Esa circunstancia vuelve más relevante la planificación de las próximas semanas. Si el equipo encadena partidos con bajas, la rotación se estrecha; si Yeremay y Mella vuelven sin estar preparados para asumir grandes cargas, la plantilla puede parecer más amplia sobre el papel de lo que realmente es durante el inicio de la competición.
El club deberá encontrar un equilibrio entre dos objetivos. Por un lado, necesita comenzar con resultados que refuercen la confianza de un recién ascendido. Por otro, debe cuidar activos deportivos que pueden ser decisivos durante muchos meses, no solo en la primera jornada. La experiencia de numerosos equipos demuestra que una recaída temprana puede alterar toda una temporada: obliga a modificar roles, aumenta la carga de otros jugadores y empuja al mercado de invierno a buscar soluciones que quizá no estaban previstas.
La referencia inmediata será el debut contra el Elche, pero la evaluación más importante se prolongará durante el primer trimestre de competición. Si Yeremay y Mella superan la transición sin recaídas, el Deportivo ganará una doble herramienta para afrontar partidos cerrados y una señal de continuidad entre el proyecto del ascenso y su nueva realidad. Si los plazos se alargan, el equipo tendrá que demostrar que puede competir sin convertir sus regresos en la única respuesta a sus necesidades ofensivas.
Seis meses después de su última coincidencia sobre el césped, todo apunta a que ambos podrán reencontrarse en Primera. La fecha exacta, sin embargo, dependerá menos de la ilusión del entorno que de la respuesta de sus cuerpos a cada etapa. El verdadero éxito del Deportivo será que Yeremay y Mella no regresen únicamente para una fotografía del estreno, sino para construir una temporada completa, sostenible y acorde con el nivel de exigencia que les espera.
