La familia de Yeremy Pino celebró en Gran Canaria la conquista del Mundial con una mezcla de alivio y orgullo contenido. Su abuela Mari Carmen Merino describió en SER Deportivos Las Palmas el trayecto que llevó al futbolista desde los barrios de La Feria y Lomo el Chinche hasta la cima del fútbol, marcado por la salida de la isla a los 14 años y por lesiones que pusieron en riesgo su participación.

El relato de Merino subraya que la competitividad de Pino, visible ya en la infancia, se mantuvo intacta pese al dolor de la clavícula contra Uruguay. La decisión de continuar jugando, apoyada por la madre que siempre transmitió la realidad sin falsos consuelos, revela una resiliencia que va más allá del talento técnico. Esa misma determinación explica cómo un adolescente que lloraba al despedirse de su entorno logró mantener el vínculo con sus raíces después de años de sacrificios.
El gesto de dedicar cada gol a los abuelos y la reacción del primo al ver levantar la Copa del Mundo confirman que el éxito no alteró la identidad del jugador. La familia insiste en que el mayor logro reside en haber preservado la humildad y el sentido de pertenencia a un barrio trabajador, un factor que, según quienes lo conocen, ha sido tan decisivo como la capacidad física para llegar al título.
