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Zaragoza afronta hasta cinco meses de espera para el carné

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Obtener el permiso de conducir en Zaragoza se ha convertido en un proceso marcado por la espera. Las autoescuelas de la provincia advierten de que los alumnos que superan el examen teórico pueden tardar actualmente entre cuatro y cinco meses en acceder a la formación práctica y, posteriormente, a una convocatoria para examinarse. La situación, que meses atrás se movía en torno a los dos meses de demora, ha generado un cuello de botella que afecta tanto a quienes buscan su primer empleo como a las empresas y familias que dependen de la movilidad.

Javier, profesor de la Autoescuela Casablanca y profesional del sector desde 2011, define el escenario como “insostenible”. Según explica, nunca había observado una acumulación de candidatos de estas características en Zaragoza. Su testimonio refleja el problema cotidiano de los centros de formación: la demanda de clases y exámenes supera ampliamente la capacidad disponible, de modo que aprobar la parte teórica no garantiza que el alumno pueda comenzar de inmediato a conducir.

Una espera que se ha multiplicado en pocos meses

La evolución de los plazos muestra el deterioro progresivo del servicio. Hace algunos meses, el tiempo de espera para acceder a las pruebas prácticas rondaba los dos meses. Ahora, de acuerdo con las autoescuelas, puede alcanzar cuatro o cinco meses. El sector calcula que más de 8.000 aspirantes permanecen en lista de espera en la provincia de Zaragoza, aunque las cifras varían según el momento y el estado de preparación de cada alumno. Entre 1.500 y 2.000 candidatos estarían ya en condiciones de presentarse al examen.

La demora no se limita a quienes esperan su primera oportunidad. Los alumnos que suspenden deben regresar al circuito de asignación de plazas y pueden tardar uno o dos meses adicionales en volver a examinarse. Esta dinámica alarga todavía más el proceso completo y dificulta que las autoescuelas puedan organizar sus vehículos, profesores y horarios con continuidad.

La falta de examinadores, en el centro del colapso

La Asociación Provincial de Autoescuelas de Zaragoza atribuye la saturación a la escasez de examinadores de la Dirección General de Tráfico (DGT). La plantilla teórica de la provincia está compuesta por 19 profesionales, pero, según los datos trasladados por el sector, en determinados momentos solo han estado operativos 13. La diferencia reduce de forma significativa el número de pruebas que pueden celebrarse y repercute directamente en las listas de espera.

Javier añade que la capacidad efectiva es todavía menor porque parte de los examinadores debe asumir tareas administrativas. El resultado es una menor disponibilidad para realizar pruebas prácticas, incluso cuando existe una bolsa de alumnos preparados. En su opinión, Zaragoza necesitaría entre ocho y diez examinadores más para recuperar un ritmo capaz de absorber la demanda acumulada.

Las autoescuelas sostienen que el problema no responde a un episodio puntual, sino a una falta de recursos que se ha mantenido durante meses. La consecuencia es un sistema rígido: los centros reciben un número limitado de plazas y deben repartirlas entre decenas de alumnos. “Si me dan 20 plazas y tengo 40 alumnos, no puedo hacer más”, resume Javier, al explicar una limitación que los usuarios suelen percibir como una decisión de la propia autoescuela.

El coste económico de no poder examinarse

La espera también tiene efectos económicos. Cuando transcurren varios meses entre las clases y el examen, muchos alumnos optan por seguir practicando para no perder destreza. Esas sesiones adicionales, que no siempre estaban previstas en el presupuesto inicial, elevan el coste de obtener el permiso y pueden suponer un esfuerzo importante para las familias.

El impacto trasciende el precio de las clases. En algunos casos, disponer del carné es un requisito para acceder a un puesto de trabajo, aceptar un contrato o desplazarse hasta un centro laboral situado fuera del área urbana. La imposibilidad de obtenerlo a tiempo puede obligar a retrasar decisiones personales y profesionales. La demora afecta especialmente a quienes carecen de alternativas de transporte o necesitan incorporarse con rapidez a empleos que exigen conducir.

Las autoescuelas reciben la frustración

El descontento se concentra con frecuencia en los propios centros de formación. Javier asegura que cada día acuden a la autoescuela cinco o seis personas molestas para reclamar una fecha o pedir explicaciones por la falta de plazas. El personal administrativo se convierte así en el primer receptor de unas quejas relacionadas con la disponibilidad de examinadores, una competencia que no depende directamente de las empresas privadas.

Para reducir malentendidos, la Autoescuela Casablanca ha elegido informar a los alumnos antes de formalizar el proceso. La dirección comunica que la espera puede situarse entre cuatro y cinco meses y evita presentar el permiso como un trámite inmediato. La estrategia consiste, siempre que la organización lo permite, en comenzar las clases prácticas más cerca de la fecha prevista y mantenerlas de forma continuada hasta el examen. Con ello se busca limitar el tiempo durante el que el alumno debe pagar clases de mantenimiento sin una convocatoria próxima.

Un problema que trasciende Zaragoza

La situación de la capital aragonesa se enmarca, según el testimonio del profesor, en una crisis de alcance nacional. Javier menciona que en Gerona las listas de espera han llegado a nueve meses y afirma que Madrid y Barcelona afrontan dificultades similares o incluso mayores. Estas referencias apuntan a una presión general sobre el sistema de exámenes, aunque los plazos concretos dependen de la plantilla disponible, la demanda local y la capacidad de cada jefatura provincial.

La falta de una respuesta rápida alimenta el pesimismo entre los profesionales. Javier considera que no se trata de una dificultad que pueda resolverse en el corto plazo y advierte de que la recuperación requerirá reforzar la plantilla y liberar a los examinadores de parte de las tareas que limitan su actividad principal. Mientras no aumente el número de pruebas, la acumulación seguirá trasladándose de una fase a otra: primero, desde el examen teórico hacia las clases prácticas y, después, hacia la convocatoria definitiva.

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